Dispuesto a creer que aún se puede volar

He vuelto a la Lucky Star, tras unas semanas instalado en aquel bosque he regresado a la nave. Vengo más feliz de lo que me fuí pero antes de tomar el camino de regreso decidí hacer una parada en aquel club. En algún punto del mundo la humanidad ha empezado a desvanecerse, lentamente y silenciosamente pero los más sensibles del lugar se han dado cuenta que la destrucción ha comenzado y sólo es cuestión de tiempo. Pero aún queda un rincón donde la música ha ocupado el espacio en el que algunos pueden disfrutar escondidos del resto de la humanidad.

Una especie de discoteca techno en un edificio clásico. La gente, aunque no tiene espacio, se encarga de encontrarlo para poder darlo todo en cada canción que suena. Una tras otra, sin descanso y sin querer parar. Entre las sombras, con los flashes que hacen que parezca que todo vaya en una falsa cámara lenta.

En una esquina dos reyes se abrazan, son reyes porque llevan coronas, pero no son los reyes que conocemos actualmente. Son reyes por ser supervivientes y se acarician, se miman y se dejan llevar mientras el resto bailan y yo miro fijamente ese abrazo. Ese abrazo que demuestra la esperanza dentro de la desesperanza. Ese fue el momento en el que pensé que ya estaba preparado para regresar.

“Dispuesto a creer
que aún se puede volar,
yo estaré donde esté
y tú sabes donde encontrarme”

Fotografía: The Robert Mapplethorpe Fundation

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