Tropezar dos veces

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Lo que nos gustan las grandes sentencias, esas que repetimos como loros parlanchines, porque quedan bien, porque no hay respuesta que pueda con su efectismo rimbombante.

Esta frase tiene una verdad y una mentira.

Vamos a echarle un poco de filosofía visceral a este asunto.

La verdad es que los hombres somos animales.

Sentando cátedra, con dos olés.

La mentira es que tropezamos dos veces. Porque no lo hacemos dos veces. Tropezamos tres, cuatro, cinco,… Una y otra vez.

Te ha vuelto a pasar lo mismo que el sábado anterior, que el sábado de hace un mes y el sábado de hace un año, como cada vez que sales te has fijado en un tío que te ha chuleado. ¿Fue solo con la mirada? ¿Hubo conversación? ¿O te sacó incluso alguna copa?

No aprendemos. Ni tomamos nota. Recordamos, sí, pero nos da igual, en cuanto podemos cogemos aire y allá que vamos de nuevo. Otro golpe, otra caída, otra hostia bien dada.

¿Por qué no hablas en singular? Mira que te gusta esconderte tras el plural mayestático.

Roces, heridas, magulladuras, quemaduras, puntos de sutura, días sin poder caminar, tratamiento médico a base de antibióticos, analgésicos, antinflamatorios y hasta ansiolíticos, incluso. Y el mismo lamento, la misma queja y el mismo propósito de no repetir que en menos de tres, dos, uno habremos olvidado.

¿Te dijo que podrías ser el hombre de su vida pero que lo vuestro no era posible porque él tiene novio? Eso son 101 caracteres, lo podrías contar en twitter, incluso podrías añadirle un gif animado para hacerlo más impactante. Drama, drama y más drama. Mucho drama el tuyo. Podrías dedicarte a la copla, pero creo que se te daría mejor el telefilm.

Tan poca memoria tenemos de lo que hemos vivido y tan poca conciencia de aquello por lo que hemos pasado, que incluso nosotros mismos provocamos lo que nos sucede llevando al extremo aquella frase de la Biblia, aquel que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Mira, la opción de una película peplum estaría muy bien. Todo lleno de cartón piedra. ¿Qué harías si te dice que sí? ¿Separar las aguas del Mar Rojo como Moisés? ¿Un desfile a lo Cleopatra y vosotros dos en el trono como Cleopatra y Marco Antonio? Es decir, Liz Taylor y Richard Burton dirigidos por Cecil B. De Mille y ocupando portadas en la prensa del corazón con sus amores y disputas. ¿O irás a la puerta de su casa y harás de su barrio una nueva Pompeya? Aunque cuando te calientas yo te veo más bien montando un Carrie, ¿fue eso lo que pensaste anoche antes de salir de la disco?

Porque los hombres no solo le arrojamos piedras a los demás hombres, ¡es que también nos apuntamos a nosotros mismos con ellas y nos las lanzamos como si nos fuera la vida en ello!

En eso te doy la razón.

Con un ansia y unas ganas que, al tiempo que nos vemos esquizofrénicamente desde fuera, no sabemos qué pensar, si somos tontos y habrá que esperar a que sigamos evolucionando, o si somos tonto sin remedio y lo acabaremos reconociendo el día en que alguien escriba una historia tonta de la humanidad.

¿Los tontos saben escribir?

Mira algunos de los libros más vendidos de los últimos tiempos.

Vale, ¿volvemos este sábado a ver si le ves?

Sí.

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