Parole parole parole

Ay no, no empieces, por favor. Otra vez no. Si vas a decirme algo diferente te escucho, pero si no, no. Entrar en casa después de todo el día en la oficina, sin ni siquiera darme tiempo a quitarme los zapatos y tú ya estás erre que erre, venga a darle una y otra vez mil vueltas a lo mismo.

Y hablar por hablar está muy bien. Pero si es de buen rollo. Si es de buen rollo, sí. Pero así no, para quejarte y recriminarme no. Eso me aburre. Me cansa. ¿Pero por qué insistes? Antes no eras así. Eras capaz de pasar por encima de estas cosas. Si algo no te gustaba o no lo veías bien, lo decías y ya, hacia delante. Pero ahora,…, venga, venga y venga. Venga a insistir. Una y otra vez. Sin descanso. Sin final. ¿Qué quieres? ¿Que cambie? Así no lo vas a conseguir, que te quede claro. ¿Que las cosas hubieran sido de otra manera?  Demasiado tarde, el pasado no se cambia.

¿Has probado a respirar hondo? A mí me ayuda, mira a ver si a ti te funciona también. Inspiras, expiras, inspiras hondo, expiras relajadamente. No me mires con esa cara, que encima me va a dar la risa y luego te vas a enfadar aún más. Chico, es que o me lo tomo con humor o si no vas a acabar por parecerme un limón agrio. Y vinagre solo un poco y en la ensalada. ¿Has probado a cantar? Sí, cantar, cantar ayuda, como en los musicales, di lo que tengas que decir cantando, moviéndote aquí y allá, te subes a la mesa, abres el balcón, bajas por las escaleras y me lo entonas en fa mayor desde la calle y si se te cruza algún vecino le haces partícipe de la coreografía que improvises. Siempre has sido fan de los musicales, no me lo niegues. Otra cosa es que solo los veas a solas y únicamente cantes Come what may en la ducha. Ya me gustaría que me lo cantaras un día a mí, pero no, creo que por el momento me voy a quedar con las ganas de que lo hagas. Me pasé toda la fiesta sorpresa de mi cumpleaños pensando que lo ibas a hacer, pero no, eso no llegó.

Y no, no me estoy quejando. Que enseguida te embalas. Ya sabes que la fiesta me encantó, hiciste un trabajo bárbaro. Solo comparto contigo lo que me dio por imaginar, por pensar que podía ocurrir.

Bueno, y entonces, ¿qué? ¿Cambias el disco o te lo cambio yo? Qué cara de última hora de la tarde de verdulería que llevas. Sí, hijo, sí, de ajo, de seta, de alcachofa, de pimiento verde, parece que hubieras mordido una guindilla y no la hubieras terminado de digerir. Y cuando ya son las siete de la tarde que está todo mustio. Va a ser verdad eso de que te conviertes en lo que comes, la proteína de la carne y el pescado se te va a los brazos, los hidratos de la pasta y el pan por encima de la cintura y la verdura, toda la verdura, porque mira que comes verdura, a la cara. Uy, mira, ¡si se te ha escapado un amago de sonrisa! Venga, ahora con ganas. ¿No? Ya verás como hago que sonrías. Ya verás como sí. Levántate, agárrate a mi cintura y coge mi mano. Con ganas, hombre, con ganas, que parezca que hasta te apetece. Y ahora, le doy al play y escucha.

 

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