Dinamarca

Dicen que Dinamarca es uno de las naciones más progresistas del mundo, donde los humanos hemos llegado a un estado del bienestar y del civismo que ya lo quisieran para sí todos los que no son escandinavos del sur. No sé muy bien en qué consiste esto, pero basta con abrir las páginas de cualquier periódico para leer un día sí y otro también a uno de nuestros políticos de tres al cuarto diciendo que el modelo de gestión al que aspiran es el danés. Absurdos de estas coordenadas del globo terráqueo en el que nos ha tocado vivir a los españolitos. Pero no quiero descentrarme, así que vuelvo a lo que quiero compartir con vosotros.

En Dinamarca los hombres tienen un algo que los hace únicos. Claro, como en todas partes, me replicará alguno. Y sí, razón tienes, amiga de Murcia. ¿En qué me baso? Ni en estudios científicos de la Universidad de Aalborg ni en investigaciones sociológicas del Instituto de Jutlandia. Voy más allá, parto de mi propia experiencia. Y os doy dos datos que he comprobado en mi persona y en mi piel, así como en mi proximidad y cercanía.

¿A cuántos de vosotros, amigos del sexo masculino, un hombre heterosexual –sí, heterosexual según él- os ha hecho disfrutar de sus labios (besar y lo que no es besar), os ha invitado a varias rondas de cerveza (antes y después) y os ha agregado a su Facebook (pudiendo ver, no con cierta sorpresa, que sí, que su heterosexualidad parece ser parcialmente real y se corresponde con el estado civil de casado)? Y todo esto pocos minutos después de conoceros en la barra de un bar en el que habíais entrado porque sonaba Kylie Minogue?

Mientras en otros lugares del mundo estamos venga a debatir sobre las etiquetas de identidad, género, orientación, ingredientes e instrucciones de uso, allí van a lo práctico. Te miran con ojos que te dicen al pan pan y al vino vino, a por qué no, a me apetece y punto, así que acompáñame y vente conmigo que voy a hacer que te lleves una buena impresión de este país y su gente, luego vas y se lo cuentas a todas tus amigas para que vengan a visitarnos, se lo relatas a tus conocidos, que ellos son igualmente bienvenidos, y si se lo radias a todo el mundo bien también, que así difundimos aún más la marca país de Dinamarca y conseguimos atraer más turistas y más inversores internacionales, y sobre todo y lo que es más importante, que llaméis al teléfono que aparece en la pantalla de vuestros televisores la noche de Eurovisión y todos al unísono, sin dudarlo, nos deis los doce puntos.

¿Os imagináis que la sede en 2018 del Festival de la Canción de Eurovisión fuera en Copenhague –como ya lo fuera en 1964, 2001 y 2014- como resultado de algo así? ¿Será que durante mi pasado viaje a la capital danesa fui víctima de lo último en campañas de marketing emocional? ¿Lo fui aleatoriamente? ¿He sido el único? ¿Cuántos más lo han sido? ¿Alguno de vosotros? ¿También os han…? ¿Habrán puesto en práctica esta campaña también con hombres de otros países? ¿Con franceses, alemanes, italianos? ¿Qué sucederá en Kiev el próximo 13 de mayo? ¿Ganará Dinamarca la edición eurovisiva de este año y reforzará así su marca e imagen de país?

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