Love is an open door

Era la primera vez que íbamos a aquella casa. Parecía una especie de fortaleza desde fuera, circular, cerrada. Nos habían dado indicaciones para entrar “No lo hagáis por el 15, hacerlo por el número 13”. Y allí nos plantamos delante del nº 13. Una puerta y en la pared un panel sin timbre.

Nos quedamos un poco extrañados por lo que decidimos dar un rodeo a la casa buscando otra entrada en la que hubiera un timbre. La otra de las puertas se encontraba exactamente igual a esta. Sin timbre.

Nos miramos todos extrañados y no entendíamos nada ¿Cómo se entraba? Llamamos a la anfitriona al teléfono todo intrigados para preguntarle. Ella nos dijo que el portal estaba dentro, que había que entrar dentro y llamar.

Pero si no había timbre en esa puerta de fuera, ¿Cómo se abría la puerta? El misterio fue mucho más sencillo de lo que parecía: Había que empujar la puerta. Estaban abiertas.

Moraleja: A veces algo es tan sencillo que somos incapaces de verlo a simple vista… o de creerlo.

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