Propulsión perfecta en el espacio más desconocido

Sigo buceando. Cada vez paso más tiempo bajo el agua. Disfrutando de ese placer en el que sólo te concentras estás en ese momento. Pasado unos días te encuentras con que eres capaz de estar allí y descubrir que hay algo más.

Entonces escuchas una música que resuena atravesando el agua, queriendo llegar a mí. Dejando el mensaje que parece que se encuentra escrito y al salir del agua, ahí está él. Ese chico que parece despreocupado, con sonrisa tímida, mirando hacia el atardecer sin saber que esa canción está llegando más lejos de lo que él piensa. Un mensaje que tiene más de un receptor.

Sigue sonando mientras el agua se ilumina de forma misteriosa porque hay cosas que no se pueden explicar, ni falta que hace.

“No voy a pronosticar como el hombre del tiempo
las borrascas que vendrán a romper el cemento
de este peso que no es más que las dudas que tengo”

Y el placer de bucear, cada vez más tiempo, bajo el agua. Aguantando más tiempo, compartiendo tiempo de buceo pero en esa misma sensación de relajación que no consigue irse.

Ese pequeño placer de sólo estar en ese instante Seguir buceando, mirar hacia fuera, seguir buceando y escuchar como la canción se aleja al mismo tiempo que tú sigues tu camino.

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