El papel protagonista (III)

Juan está sentado en el sofá y entra en escena Lucía, su compañera de piso. 

LUCÍA: Vaya perorata te has marcado.

JUAN: ¿Me estabas escuchando?

LUCÍA: No, pero te he oído, difícil no hacerlo si hablas en voz alta.

JUAN: Y ya de paso te has puesto a escuchar.

LUCÍA: Al principio no, luego sí. Ya que no me dejabas estudiar, al menos que me entretuvieras.

JUAN: ¿Eso no es violación de la intimidad?

LUCÍA: Sí, de la mía.

JUAN: Un poco jeta tú, ¿no?

LUCÍA: Perdona, en esta casa había silencio hasta que has entrado y lo has llenado todo con tus palabras.

JUAN: Cuando te pones abogada resultas un poco insoportable.

LUCÍA: Trabajar a toda pastilla de ocho a cinco y nada más salir, encerrarte a estudiar una oposición te pone insoportable. Si después te interrumpen, entonces subes hasta  la categoría de borde.

JUAN: Si sonrieras un poco más lo mismo ese nivel bajaba. Y si echaras un polvo, ya ni te cuento.

LUCÍA: Aplícate eso tú también.

JUAN: ¿El qué?

LUCÍA: Lo de sonreír y… lo de follar.

JUAN: ¿Me estás diciendo que yo no sonrío?

LUCÍA: Y que no follas lo suficiente.

JUAN: ¿Y tú qué sabes?

LUCÍA: Si follaras más, sonreirías más, y no hablarías a solas en voz alta. Si acaso cantarías.

JUAN: Qué lista que eres, y cuánto sabes de la vida.

LUCÍA: Es lo que tiene estudiar tanto derecho.

JUAN: Lo llenáis todo de frases y parrafadas que los demás no entendemos.

LUCÍA: Y conocemos las mil y una circunstancias de la vida que nos empeñamos en regular. Muchas veces sin ton ni son. Y no te quiero contar en las cuestiones de pareja. El matrimonio es un gran invento destinado a encauzar la supervivencia de la especie, pero al tiempo es una combinación entre agujero negro y aquellos libros que leíamos de niños de elige tu aventura.

JUAN: Repito, qué lista eres y cuánto sabes de la vida.

LUCÍA: No mucho, marear con el lenguaje si acaso como dices tú.

JUAN: Me duele la cabeza.

LUCÍA: Tómate un ibuprofeno. Y piensa un poco menos.

JUAN: ¿Pensar? No pienso nada. Si no avanzo, no se me ocurre ninguna idea.

LUCÍA: Cuando dejes de pensar, entonces lo mismo surge algo.

JUAN: ¿Cómo qué?

LUCÍA: Como lo que tenga que ser. Repito, deja de pensar.

JUAN: Vale, ya, dejo de pensar. Aunque me da miedo convertirme en un abogado.

LUCÍA: Brillante amigo, muy brillante.

JUAN: Es lo que tiene no tener ideas, que caes en el absurdo.

LUCÍA: Más bien en la banalidad, en hablar por hablar para rellenar los silencios. Con lo bonita que es una mirada sostenida sin más.

JUAN: Pues a lo mejor esa podría ser la solución. Menos diálogos ingeniosos, agudos y profundos, y más miradas de esas que lo dicen todo.

LUCÍA: Mírame, y no digas nada. No digas nada con la boca. Dímelo con los ojos.

Lucía y Juan están ya sentados en el sofá y ahí es donde se produce el encuentro visual. Están mirándose durante bastantes segundos.

JUAN: ¿Ya? ¿Lo has captado?

LUCÍA: Quizás sí, quizás no.

JUAN: Viva la incertidumbre, Santa Virgen de la Ambigüedad.

LUCÍA: Bobo.

JUAN: Un poco.

LUCÍA: Bastante. Qué me querías decir, no lo sé. Cómo me he sentido, sí. Paz, armonía, tranquilidad, cercanía, abrazo. Lo que tú eres.

JUAN: ¡Qué merengue!

LUCÍA: Lo que tú eres. Por cierto, ¿en qué estás pensando realmente? ¿Para qué es la idea que buscas? ¿Estás escribiendo algo? ¿Qué estás haciendo?

JUAN: Una novela, una canción, una obra de teatro, una poesía, quizás un guión cinematográfico. Todo sea que me haga con un caballete y me ponga a pintar sobre un lienzo, o me vaya al rastro y me haga con cuatro trastos viejos para crear una instalación. Pero vamos, hacer, hacer, lo que se dice hacer, no estoy haciendo nada. Lo estoy pensando, pero lo que te decía, no se me termina de ocurrir ninguna idea, un hilo argumental, una historia que me apasione.

LUCÍA: Estás bloqueado. Le suele pasar a los creadores.

JUAN: Sí, a los que viven en Nueva York les pasa mucho.

LUCÍA: A ver si va a resultar que eres neoyorkino y tú no lo sabes.

JUAN: Tendría su punto. Broadway, la gran manzana, la quinta avenida, Desayuno con diamantes, Central Park, Barbra Streisand,… Y me veo, me veo cantando en un musical, en Chicago, en Dreamgirls, en Hello Dolly,… Pero más fácil si es en castellano, en español, que para eso es mi lengua materna.

LUCÍA: Lo mismo da que da lo mismo soñar en inglés que soñar en español. Los sueños, sueños son. Y tú sueñas, pero luego no haces nada. Mueve el culo y ponte a hacer algo ya. Tienes trabajo, tienes un sueldo para llegar a final de mes. ¿No? Lo básico lo tienes solucionado, así que ahora codos y a currar de verdad. Menos lamentaciones y más esforzarte por lo que dices querer de verdad.

JUAN: Desagradable.

LUCÍA: Y tú quejica. Me voy a seguir estudiando, a hincar los codos para intentar conseguir aquello que me he propuesto como objetivo. A ver qué haces tú mientras tanto.

Lucía sale del salón y se va a su habitación dejando a Andrés con gesto entre enfadado y aceptando lo que ha escuchado.

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