El informativo de las nueve

Pedro, 65 años, sentado en su sofá frente a la televisión. Tiene la costumbre, aun estando solo, de comentar lo que ve, absolutamente todo lo que ve, en voz alta. Como está solo apenas gesticula, eso queda para cuando está acompañado.

Qué lío de noticias, por Dios. Dinero aquí, dinero allá, por todas partes menos donde hace falta, en la caja de todos. Cuanto más poseen, más quieren. Qué gente ésta los ricos y los poderosos, venga a amasar, a guardar. ¡Pero si no hay manera humana de gastar todo lo que tienen! De verdad, que yo no me lo explico. Oye, ¡y lo que mienten! ¡No se cortan un pelo! Y a los demás, siempre persiguiéndonos, que si es pecado, que si no es legal, que si lo haces fuera de tiempo, que si esta no es la ventanilla, que te has equivocado de formulario, que quita los pies de ahí. Unas veces que aquí no se puede comer ni beber, y otras que no está permitido consumir alimentos traídos de fuera, ¡pues yo al cine las palomitas me las llevo de casa en el bolsillo del abrigo! Voy yo a pagar los seis euros que te piden allí. ¡Ja! Pues no. Encima de burro, apaleado. No hombre no, una cosa es evitar la cárcel y otra aceptar que te engañen.

Cuando los telediarios eran en blanco y negro parecía que todo era más sencillo. Ahora no hay un segundo de descanso y cada día una sorpresa aún más grande que el anterior. No te puedes fiar de nadie. Mira al Aznar debiéndole dinero a Hacienda. ¿Qué me dices? ¡Tócate las narices! Un ex presidente del gobierno metiéndose en estos berenjenales.  ¿Pero a este señor quién le hace la declaración de la renta? ¿Quién le lleva y le hace los papeles? Las imágenes de esta noticia sí que me da repelús. Con la cara de mala leche que tiene, y ese bigote hecho como con rotulador. Y el otro, ¿qué me dices del otro? El Montoro, que si fuera un dibujo animado sería una lagartija, o el viejo propietario de la central nuclear de los Simpsons. Encima de que son feos, dan un mal rollo,…, así,…, de mala gente. Que cuando uno es majo, aunque sea feo, te hace reír, te engatusa, te dejas llevar y lo mismo acabas en un piel con piel. Pero es que cuando hay mala baba, por no decir mala hostia, no, nada que hacer, ahí ni se pone duro ni se abre nada. ¡Nada de nada!

Ahora los deportes. El momento aburrido de todo informativo. Cuando era más joven se me alegraba la vista, hombres en pantalón corto, deportistas, atletas, gimnastas, atléticos, fuertes, robustos, guapos. Pero a estas alturas de mi vida con sesenta y muchos cumplidos ya he visto casi de todo. Incluso catado alguno que otro… Bueno, unos cuantos… Bastantes diría yo si he de ser honesto. Y mira, están muy bien las carnes tersas y prietas, mejor si saben moverse, que no todos tienen arte por muchas horas de gimnasio y de entrenamiento que se peguen. Pero si no hay alma, si no hay sentimiento, acabas más aburrido que esperando el metro a medianoche. ¡Qué eternos se hacen estos minutos, virgen santísima! Me cansa el fútbol y me exasperan los coches y las motos. Un poco de tenis o de baloncesto lo aguanto, pero que no sea un partido demasiado largo, por favor, sin excesos.

Mira, la peli de Almodóvar va a Cannes. Me alegro. Esto es cultura, y marca España de la buena,… También está él en lo de los papeles de Panamá. Pero cada cosa por su lado. Valoremos a Julieta por lo que es, como el film que es. La vi el sábado pasado y me gustó mucho. Qué hora y media con el estómago encogido, el corazón en la boca y los pelos como escarpias. Qué bonito es cuando te hacen sentir así. La anterior no la vi, la de Los amantes pasajeros. Todo el mundo hablaba tan mal de ella y yo estaba en un momento nublado de mi vida, así que pasé. Recuerdo que el fin de semana que la estrenaron estaba en Barcelona, y antes de encerrarme en una sala me fui a la playa de la Barceloneta. ¿Hay algo más bonito que pasear al lado del mar?

Ya, por fin, el tiempo. Mañana día despejado, sin nubes y ni una pizca de aire. Pasaremos de los veinte grados. Qué bien, así después de desayunar paseo un rato por el Retiro y luego lo mismo me doy una vuelta por el Prado o el Reina Sofía. El parte es de lo más aburrido, pero no tener que ir a trabajar lo compensa, ¡y mucho! Bueno, fin, me voy a hacer la cena, que luego se hace muy tarde y con el estómago lleno no debo ir a la cama que si no, no duermo bien.

Pedro coge el mando a distancia, apunta al televisor y apaga. Se levanta y se va.

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