Somos el uno para el otro [con el efecto de La Cenicienta]

Hace mucho tiempo, en una tierra muy lejana donde la luz ya había caído y la oscuridad se salvaba con una pequeña bombilla dos personas hablaban entrelazadas en la cama sobre la sensación de placer de aquel hecho. “Es bonito esto de ser novios de un día”. Ambos habían sido hechizados por una malvada aplicación que provocaba que sólo pudieran salir durante un día. Así que cuando llegara las doce de la noche, todo desaparecería. No sabían como, de que manera, ni de que forma. Decidieron darse cariño, mimos y disfrutar el momento como si no hubiera nada más.

Sonaron las campanas. En lo alto del Campanario estaban Astrud cantaba eso de “Es que no basta con querernos, yo quiero ser tu novio bajo el agua”. Una última mirada cómplice y una inundación se los llevaba separándoles junto con todo el edificio.

Cada uno despertaría en su casa como si hubiera sido un sueño. Se volverían escribir sin recordar que es lo que había pasado. Volverían a quedar y, quizás, volverían a ser novios de un día. Los cuentos pueden llegar a ser eternos.

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