¿Ahora lo entiendes?

“Míranos en esta foto. ¿Te acuerdas de aquel concierto al que fuimos? Llevábamos apenas unas semanas hablando, quedando para tomar cafés que se convertían en cañas, conversaciones que se transformaban en besos que no podíamos dejar de darnos, y me invitaste a ver a uno de tus grupos favoritos para, aunque eso no me lo dijiste, te conociera un poco más. No entendí nada de lo que aquella banda quería decirme, pero al mirarte de reojo, esa sonrisa que se te puso en la cara mientras disfrutabas me hizo sentirme bien. Como si yo tuviera algo que ver en tu vida. Ya ves tú que cosas nos da por pensar cuando nos estamos enamorando”

“¿Y esta? ¿Te acuerdas de cuando fuimos corriendo al metro, empapados por la lluvia, y la puerta se nos cerró en las narices? Era el último metro y aunque teníamos que andar una hora para llegar a casa nos pareció gracioso. Esa fue la primera noche que me quedé a dormir contigo, y pensé que la espera había merecido la pena porque, aunque no entrara ninguna rendija de luz a la mañana, intuía tu cuerpo a mi lado, respirando, y ese movimiento del pecho era todo lo que quería escuchar en ese momento. Pequeños detalles, pero que son los que crean una historia”

“La última foto que quiero mostrarte es la que te saqué mientras tú no te das cuenta. Siempre me has dicho que en esa foto no pareces tú, que es como si no estuvieras ahí, en esa imagen que no se mueve pero que, sin embargo, para mí lo hace. No te enterabas pero la cámara te estaba mirando y yo, que la sostenía, quería fotografiar ese momento para entender que a veces tu cabeza se perdía y el silencio llegaba. Y que no sucedía nada. Que tú eras así, callado a veces, hablador otras, y que la combinación de esas dos personalidades era lo que había hecho que no quisiera soltarte si decidías tirarte al vacío”

“Nos enamoramos una tarde de enero, con todo el frío congelando las calles. Y creo que cuando te miro puedo ver lo que quiero que sea mi vida. ¿Es algo absurdo lo que te estoy diciendo? No sé si las palabras que están saliendo de mi boca no tienen el significado que quiero darles. Porque con el tiempo, con esos intervalos en los que nuestros cuerpos se rozaban o permanecían separados, una especie de hueco sordo, pero que gritaba con todas sus fuerzas, se apoderaba de la habitación. Y nos quisimos, lo hacemos, ahora, en este presente, con la tranquilidad de ver reflejado en el otro una imagen que suena, sí, suena, demasiado bien. Y es que en esas pupilas, en el iris cambiante según la dirección de la luz, puedo ver todas estas fotografías que he ido enseñándote. ¿Ahora sí lo entiendes?”

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