8 años

Año I

¡Vamos! ¡Más rápido! ¡No hay un segundo que perder! Parece que no te enteras, si no te hacen sentir constantemente presión no hay manera de que respondas a la velocidad exigida. Lo importante no es si te parece bien o mal lo que te están pidiendo que hagas, de lo que realmente se trata es que cumplas lo que te han encomendado. De que lo ejecutes tal y como marcan los procedimientos. Y punto. Sin matices. Los detalles no son más que excusas para maquillar los errores y excusar las imperfecciones.  Lujos que no nos podemos permitir. Los resultados mandan y estamos a su servicio, tú, yo, todos. Si no rindes, fuera, si no cumples, fuera. Y no creas que yo disfruto con esto. Pero no hay otra opción, o llegas al nivel en el que debemos estar o aquí no hay sitio para ti. Tú decides. ¿De acuerdo?

Año III

No te preocupes. Entiendo la presión a la que has estado sometido esa semana con demasiados asuntos entre manos y todos con unos plazos demasiado breves, nada en comparación a lo que se les debiera dedicar. Se entiende que el resultado conseguido no haya sido perfecto y que haya que intervenir sobre ello para corregir. ¡Eres humano, no una máquina! Pero el grueso ya está hecho, lo duro, lo difícil. Y quien ha conseguido ese nivel de excelencia has sido tú. Tú eres el verdadero artífice de este logro. Lo que los demás estamos haciendo ahora, cambiando una coma aquí, un punto allá, no es más que sacarle brillo. Enhorabuena por lo que has conseguido y muchas gracias por lo que has aportado. Sigue así y llegarás muy lejos.

Año VI

No me atrevo a contarles los nuevos objetivos que nos han marcado. Esto no hay manera humana de conseguirlo. O sí, pero a costa de no tener vida. A ver con qué bemoles me planto delante de todos ellos y les digo que, durante los próximos dos meses, lo que han de hacer les exige dedicarse en cuerpo y alma, día y noche, a ninguna otra cosa que no sea más que mirar a la pantalla, teclear aceleradamente y después emborronar las mil y una páginas de la presentación que, versión tras versión, escupirá la impresora. Y a cambio, ¿qué? Por unos incentivos que son puro humo, un continuo futuro que nunca se materializa. Tengo que hacer algo. Esto no lleva a ninguna parte, no se sostiene.

Año VIII

Se acabó, ha llegado el día de decir hasta aquí hemos llegado. De dejar de ser una máquina de carne y hueso para volver a ser lo que nunca debí dejar de ser, un individuo con sentimientos y emociones, con necesidades, con capacidad y deber de empatizar con los demás, de transmitir y recibir cariño, de situar a las personas por encima de cualquier otra consideración. Cada uno de nosotros tenemos deberes, sí, somos profesionales, y esto es una relación contractual, sí, eso está claro, pero la lógica humana es que fuéramos nosotros el centro de la actividad, y no ocurre así.  En el centro está el deseo y la avaricia sin freno de unos pocos que nos utilizan y nos extorsionan para ellos poseer cada día más y más, sensación que acrecientan porque ven como los demás tenemos menos y menos. Se sienten grandes porque nosotros nos sentimos pequeños, pero estoy seguro que sin nuestro referente ellos se verían vacíos y mínimos. En cualquier caso, fin. Hasta aquí. Me retiro. Estas no son mis coordenadas. Estuvo bien conocerlo y probarlo. Pero lo que aquí se practica no es la vida, es el sometimiento. Y no puedo, no me dejo, me niego. Adiós.

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