ACENDRADO

Apolo ha renacido y Adonis lo envidia. Los museos más prestigiosos se pelean por adueñarse de su Capilla Sixtina virtual, pero a él no le importa. Sorolla no habría sido capaz de captar la luz que irradia su figura, y Goya probablemente se habría sumergido todavía más en la oscuridad de haberlo conocido. No hay chef que logre emular su sabor, ni científico capaz de recrear su genética. No hay dos como él, aunque a veces parece que ni siquiera exista uno. Cada una de sus experiencias podría inspirar un cantar de gesta o un blockbuster millonario, pero él no tiene interés en lucrarse. La kryptonita ni siquiera le eriza la piel, pero no le apetece salvar el mundo. Es el edificio arquitectónico perfecto que nadie quiso habitar. Es el final feliz de una historia todavía por escribir. Es el éxito mudo. Es el hombre perfecto sin espejos donde reconocerse. Es la oportunidad que todos hemos perdido por estar ocupados mirando nuestro propio ombligo.

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