We won’t let gravity, Won’t let gravity win

Aquel día todo se había despertado en paz. Despejado. Demasiado despejado. Un silencio en las calles como nunca se había escuchado… o dejado de escuchar. La gente realizaba sus tareas habituales pero no se escuchaba absolutamente nada.

Mirando al cielo, ni una nube, despejado. Giré un poco la cabeza y descubrí lo que podría ser una luna gigantesca muy cercana a la Tierra. Primero me paralicé y segundo empecé a levitar por el aire. La fuerza de la gravedad se había reducido y poco a poco todos nos fuimos elevando por las alturas.

Los nervios empezaban a hacer estragos, del silencio se pasaron a gritos, a un descontrol surrealista por las alturas de la ciudad. Gente que desaparecía en las alturas, otros girando sobre si mismos, algunos como si fueran lagartos sin cabeza…

…Cerré los ojos, respiré, repasé las opciones y decidí concentrarme, y recordar aquello que me habían explicado en ciencias naturales en el colegio. Tras la sensación de perder el control, lo recuperé y entonces empecé a moverme como pez en el agua, como astronauta en el espacio, como jugador experto en una mesa de poker.

Todas las enseñanzas llega un momento en la que son útiles. Seguiré flotando por los aires, dejándome llevar. No dejemos que la gravedad nos gane.

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