La mayor tontería del mundo

A T. porque al irme cometí la mejor tontería del mundo

“Puedes pensar lo que quieras. Lo que te apetezca. Pero sabes que tengo razón, que por mucho que te empeñes no me va a importar nada de lo que puedas decirme. Lo has hecho, y punto. Y eso que yo, profesional hasta en esto de aceptar un perdón, uno solo, ya me he acabado cansando de esas tonterías que te inventabas cada tarde, cada maldita tarde, en uno de esos momentos en los que a mí me daba por llamarte y tú me decías que ibas a salir de casa, que te habían llamado del trabajo y que tenías que ayudar en algo, lo que fuera. Arreglar un ordenador, abrir la puerta a un compañero que se había olvidado las llaves, o echar horas extras porque, ya se sabe, las empresas de hoy en día piden y piden y piden y no te dan nada a cambio, lo único que quieren es sacarte todo lo que puedan. Y yo, como soy idiota, como me creo hasta la mayor de las tonterías, esas que tanto me decías al principio de querernos, hasta este momento, cuando estamos empezando a odiarnos, yo, que de tan profesional que soy paso por ser un idiota contratado a tiempo completo, pues oye, resulta que pensaba que eras un tío que se mete en su trabajo, al que no hay que agobiarle, al que hay que, como me dijiste una vez, darle su espacio. Ya ves tú qué tontería. Tópico más bien. Una de esas frases que al leerlas en un libro uno ya sabe por dónde van los tiros, pero que yo me creí a pies juntillas. Y es que lo peor no es eso, que hasta hubiera podido entender aquello de “no es lo que parece” o “ha sido sólo una vez, no volverá a repetirse”. Lo único que no puedo entender, lo que se me escapa de esta cabeza de jilguero que tengo, lo que ha decidido alejarse de este cuerpo de ardilla anoréxica que se me ha quedado, es que lo hayas estado haciendo desde el principio. Que ya me lo dijeron: no te fíes, tú te mereces algo mejor. Y yo no entendía eso de “mejor” porque, al fin y al cabo, nadie es mejor que nadie y yo no me iba a poner a mirarte por encima del hombro como si fuera un perdonavidas o algo peor. Pero, ¿de verdad era necesario? ¿crees que era necesario que tú, con esa cara de niño bueno que me estás poniendo ahora, te marcharas cada noche vete a saber dónde para buscar lo que fuera, para tener esa doble vida que me has dicho que necesitabas, que era superior a ti, sin poder evitarlo? Y yo sé que cuando pase el tiempo podré arrepentirme de lo que estoy haciendo, porque al fin y al cabo todos hacemos tonterías en nuestra vida. Estupideces, gilipolleces, bobadas, menudencias, minucias. Esas manías que parece que no hacen daño a nadie pero que un buen día descubres que te han explotado en mitad de la cara. Pero al menos soy consciente de haberla cometido. Porque sí, irme puede ser la mayor tontería del mundo. Pero yo sé por qué lo hago. Tú, en cambio, sólo sabes decir que no lo entiendes”

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