Pensamientos matinales

¿Hice lo correcto el domingo pasado? ¿Seguro que mi voto valdrá para algo? ¿Elegí un programa electoral o la marca personal de un paisano al que lo único que le preocupa es él mismo? ¿Y qué cambios va a haber? Porque con esta ensalada de siglas, titulares de prensa, frases vacías, sonrisas falsas, menudo absurdo sin límites. Va ser verdad lo de que no nos representan. En cualquier caso, por favor, no más gaviotas.

Eso que está sonando en casa del vecino es Beyonce, ¿no? ¡Non stop! En la radio, en la tele, en el hilo musical de cualquier sitio al que vaya, el fin de semana pasado en todos los bares a los que fuimos, ahora mismo en cabeza. No hay manera de escaparse. Y así voy a todas partes, a ritmo de rythm & blues, moviendo las caderas de un lado a otro de tal manera que en cualquier momento voy a descoyuntarme. Vivo dentro de un videoclip.

Toca poner la lavadora, que está hasta arriba el cubo de la ropa sucia. Pero me da pereza con el frío que hace, se me quedarán las manos heladas al tender la colada en la terraza. Cada vez que la tiendo pienso que el asunto tiene un punto intervención, golpes de color y formas sobre la fachada del edificio. Hoy está, mañana no está. Seguro que haciéndolo con un poco de parsimonia, los vecinos que me vean desde la calle pensarán que esto es… arte, ¡puro arte!

Últimamente me encuentro de manera inesperada con versos de Gil de Biedma que aparecen por generación expontánea La exaltación y el miedo de estar solo cuando va a atardecer dejándome sin aliento, con la respiración entrecortada Ojos de solitario, muchacho atónito. Por dos veces en las últimas semanas el tomo de sus diarios ha pasado por mis manos desde las de aquellos que los estaban leyendo, y ambos coincidían en lo mismo Cuando empieces no podrás parar, Gil de Biedma siempre irá contigo.

Anoche cené demasiado. Los langostinos son una debilidad, y me pasé. Una vez más, no aprendo. ¡Qué empacho! Venga a pelar. Uno detrás de otro. Como si no hubiera un mañana. Como si fuera la última cena antes de comenzar una cuaresma infinita. Como si fuera un oso y estuviera acumulando energías antes de disponerme a hibernar.  ¡Y aún hay más! Hoy es el turno de la carne. Donde ayer hubo merluza hoy filetes. Donde anoche marisco, hoy jamón. ¡Vamos a morir! Si no en la mesa, en el infierno. Conducidos hasta allí  por la gula.

Al menos con el vino supe moderarme. Creo que es la primera vez que lo consigo. Dos copas, ahí está el límite. Más no. Mira qué bien me despierto hoy sin resaca ni amago de jaqueca. O eso parece, a ver cuando me ponga en pie.

Me da pereza levantarme, con lo a gusto y caliente que estoy bajo del edredón. En modo iglú, tapándome hasta la cabeza. Voy a dejar nuevamente el móvil en silencio en la mesita, cerrar los ojos y a intentar dormir un poco más. Hoy no es un día familiar, ni tradicional ni religioso. El 25 de diciembre es una jornada nihilista, una fecha sin más en el calendario, un día de no hacer nada.

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