No te vayas

Bajar llorando las escaleras del metro. Lanzar un último beso al aire de madrugada en el rellano a oscuras. Levantar la mano justo antes de desaparecer tras la barandilla de la escalera mecánica. Tocar las puntas de tus dedos por última vez por un hueco entre la valla que nos separa. Ver como tu silueta va encogiendo mientras mi autobús se aleja de la terminal.

Sí, nos hemos despedido ya un montón de veces. Nos sabemos de memoria la secuencia de los gestos. Primero se levanta la mano, luego se agita al aire, luego hay que llevarla a la boca, volver a agitarla y finalmente darse una palmadita en el pecho. Hasta luego. Buen viaje. Te veo prontito. Sigue descansando. Escribe al llegar. Cientos de veces nos hemos despedido ya. Ahora sólo quiero que no te vayas.

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