No nos volveremos a ver

I

Me pides una vez más que te de una excusa, que te diga por qué no quedamos. Tú quieres verme una segunda vez y a mí, querido, me da francamente igual volver a verte. La verdad es que no sé muy bien qué responderte. Me obligas a hacer un ejercicio racional de algo que no lo es. Lo dice mi piel, lo habla mi boca sin pasar por el cerebro. No. Sin acritud, sin desprecio alguno, no te lo tomes a mal. Y ya sé que el teléfono no es el medio adecuado para esto. No sé por qué te di mi número, no pensé que fueras a llamarme, pero ya que lo has hecho… Hay cosas que no surgen, que no se dan. Apenas nos hemos visto una vez, un café en una cafetería mientras ambos hacíamos tiempo, tú esperabas a no sé quién y yo había llegado antes de la hora marcada a una reunión que tenía en la séptima planta de ese mismo edificio. ¿Qué fue para mí ese momento? Un entretenimiento curioso, un zapping televisivo, un instante de entretenimiento. Gracias por ese entonces. ¿Nos volvemos a ver? Déjalo en manos del destino.

II

No, no te voy a besar. No hace ni una hora que te he conocido, que me has entrado en la plaza a poco más de cien metros de aquí mientras esperaba a mis amigos. Y sí, te he dicho que sí a tomar un vino. La vida es eso que pasa mientras no piensas en ello, o algo así, ¿no? Está bien dejarse llevar por los imprevistos de vez en cuando y ver qué pasa, qué puede ocurrir. No espero nada concreto de ellos ni tengo la esperanza de que lo que pueda suceder sea el inicio de un cuento de hadas. No, no es eso. La verdad es que estoy dudando si decirte la verdad o si me limito a ser educado. Mira, seré sincero. Escúchame bien porque lo que te voy a comentar no solo vale como respuesta de por qué no te voy a besar sino también para que sepas porqué no vamos a volver a vernos. En apenas cincuenta minutos me has dejado claro que eres un tío con prejuicios clasistas, homófobo y armarizado, además de una persona que no escucha. ¿Te vale con eso? Me has pedido que fuéramos transparentes, que esa es la manera de que funcione lo que pudiera surgir entre tú y yo. Así que ya sabes lo que pienso. Gracias por tu invitación. ¡Ah! Y permíteme una ironía, no me veo como marido de un militar al que el uniforme le queda como un guante y que al llegar a casa me va a pedir que le trate como si fuera…, nada, déjalo, da igual.

III

Dicen que no hay dos sin tres, pero esta vez lo dudo. Está claro que a nivel físico funcionamos, y si no, no estaríamos repitiendo un polvo como este en el que estamos inmersos ahora mismo. Pero no hay más, esto es solo carne y personajismo. Estamos follando porque no tenemos nada que hablar, o al menos yo no tengo nada que contarte, ni tampoco ganas de escucharte. Lo haría, sí, por educación, pero no porque quiera conocerte. Nuestros cuerpos están perfectamente acoplados, nos movemos con absoluta sincronía. Sin embargo, estamos muy lejos el uno del otro, yo no sé dónde estás tú, pero por mi parte, ya veo que mi mente está muy lejos de aquí. Esto no es más que un ayudarnos a desfogarnos y creo que tú también te das cuenta, que tú también lo ves así. Apuesto que al acabar ni siquiera querrás quedarte tumbado cinco minutos conmigo y me pedirás darte una ducha para acto seguido irte. A pesar de lo que estamos disfrutando ahora mismo, será un alivio verte salir por la puerta dentro de un rato.

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