BLOQUEO

Para A. porque su conversación fue eliminada sin aviso previo

Estamos en una habitación del centro. Si nos fijáramos en lo que sucede fuera de esta habitación podríamos decir que un perro está a punto de mear en la rueda trasera de un coche que su dueño ha comprado hace una semana; esa mujer que camina con paso rápido intenta llegar lo antes posible a su cita en el hospital porque hoy le dan los resultados del último análisis que se ha hecho; e incluso si nos detuviéramos por un instante y escucháramos las conversaciones entenderíamos que la discusión de esa pareja sentada en uno de los bancos del parque se debe a que cinco años juntos pueden significar un peso demasiado grande. Eso es lo que sucedería si esto fuera una historia donde las vidas de muchos personajes se cruzan, se tejen, creando a la ciudad que piensa ser ella quien los gobierna. Pero estamos en una habitación del centro, en una calle por donde transitan miles de personas a lo largo del día, y por donde una vida está a punto de detenerse.

Álvaro siempre ha sido un chico tímido. Cuando era pequeño se quedaba callado en las fiestas de cumpleaños, mordisqueando los gusanitos que ponían en unos boles de diferentes colores. Y eso sólo es un ejemplo. Ahora que tiene diecinueve años, empieza a darse cuenta de todo lo que supuso el no mezclarse con sus compañeros de colegio, el preferir estar en casa leyendo mientras los grupos en el instituto se creaban, desaparecían y volvían a crearse como una rueda que no paraba de girar. En estos momentos, él está escribiendo en su móvil, en una de esas aplicaciones que sirven, o eso es lo que se dice, para conocer gente aunque la verdad es que casi todos los tíos que le han escrito le han ofrecido follar en todas las posturas que él ha podido descubrir navegando por internet. Pero aunque pueda parecer extraño, él escribe como si no pudiera hacer otra cosa porque, al otro lado de la pantalla, ha conocido a “Ouiea”, que en realidad se llama Alfredo, y del que se ha enamorado sin poder evitarlo porque con él habla de todo lo que les gusta y no fue hasta la décima conversación, porque la contó, que hablaron de lo que le gustaba en el sexo. Y Álvaro mintió porque en realidad él no ha pasado de un par de besos mal dados en los baños de una discoteca a la que fue en la primera fiesta de la universidad, con un desconocido que le siguió y se metió con él con la excusa de no querer esperar la cola. Así que tira de archivo y le explica a Alfredo, o a “Ouiea” que a él le encanta el sexo “con cariño”, nada de cosas salvajes, porque quiere que su primera vez sea especial. Pero esta última parte no la dice, porque no quiere parecer un niño pequeño a los ojos de ese perfil, de ese hombre que después de mandarle la primera foto ya supo que podía ser el hombre de su vida. Porque Álvaro siempre ha sido un chico tímido, pero también se enamora con mucha facilidad.

Llevan hablando un par de meses. Y aunque Alfredo le ha pedido el número de teléfono en más de una ocasión “para estar en contacto siempre”, Álvaro no se lo ha dado y le ha pedido tiempo, prefiere ganar confianza, como si cada nueva frase que crean sus dedos sobre el teclado virtual fuera un escalón más hasta llegar a la habitación donde se encuentra el tesoro perdido. Y así hablan, aunque lo que no dice Alfredo, o “Ouiea”, es que está empezando a cansarse de este juego, de estas conversaciones que no van a ninguna parte, pero que le alegran las noches cuando no ha podido quedar con nadie para echar un polvo. Esto no lo dice, calla y sigue hablando de un libro del que leyó la contraportada para poder tener algo que decir cuando Álvaro le empezara a contar, por enésima vez, su pasión por la literatura. Lo que Alfredo no se explica muy bien es por qué sigue hablando con él, porque aunque le parece un chico mono, simpático, o como le dijo en los primeros mensajes, “qué chico más majo”, él nunca se ha visto en una semejante. Siempre se ha aburrido de esa gente que piensa que la aplicación sirve para conocer gente, para encontrar “el amor de mi vida”, para enamorarse, y a todas luces Álvaro es uno de esos. Pero lo cierto es que le gustó cómo empezó la conversación con él. Ese “Muy guapete” seguido de un guiño, y aunque suene absurdo, le hace gracia que escriba siempre con todas las tildes. Y es que Alfredo, o “Ouiea”, es mucho más que la suma de todas esas vocales que se puso como nick porque no se le ocurría nada mejor. Sólo que él está empezando a cansarse.

Hoy es el día en el que se ha decidido a decirle lo que siente. Lleva un tiempo pensándolo, pero hoy se ha decidido sin saber muy bien por qué. Quizás porque ha dormido bien después de dos noches de insomnio. O puede que se haya levantado de mejor humor que otras veces. El caso es que, después de abrir la aplicación, busca la última conversación con Alfredo y le escribe. Nunca se levantan a la misma hora y tiene que esperar un tiempo a que conteste. Pero siempre lo hace. Cuando llega la respuesta Álvaro le dice que tiene algo que decirle, que es importante. Y Alfredo le dice “Tú dirás” y aunque no suena bien, cree que es porque acaba de levantarse y no se ha tomado el primer café de la mañana. ¿Quizás tendría que esperar un poco?, piensa. Pero no puede evitarlo. Y lo escribe de mil maneras, tarda un poco, tanto que no se da cuenta que la batería está a punto de agotarse. Cuando lo escribe, cuando pulsa las teclas y dice lo siguiente: “Estoy enamorado de ti, Alfredo”, cuando lo envía, cuando la pantalla le advierte que el mensaje ha llegado, en ese momento, la pantalla se apaga. Durante un instante el tiempo se detiene. Pero reacciona a tiempo. Busca el cable para volver a cargarlo. Y después de dos minutos, el móvil vuelve a la vida. Su corazón late cada vez más deprisa. Quiere saber cuál ha sido la respuesta de Alfredo. Pulsa el código para desactivarlo, escribe el PIN correctamente, y dirige su dedo al icono de la aplicación. Busca en las conversaciones y no encuentra a Alfredo. No hay ningún historial con “Ouiea”, todo ha desaparecido. Álvaro lo entiende después, poco tiempo después. No ha sido un fallo del sistema, no es que su teléfono haya decidido borrar sólo esa conversación, ni siquiera es que los nervios le hayan jugado una mala pasada. Alfredo, “Ouiea”, le ha bloqueado.

Estamos en una habitación del centro. Y ya no es solo la vida la que se ha detenido. Ahora también hay un corazón roto.

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