Yo no soy tu puta

Pablo no lo sabe, pero esta noche dormirá solo.

La reacción que se busca cuando alguien te pide perdón es que todo se olvide, que hagamos como que no ha sucedido nada. Pero ya se sabe que, por mucho que peguemos un jarrón que se ha roto, cacho a cacho, jamás volverá a ser lo mismo. Decimos “lo siento”, “perdóname”, “no volverá a ocurrir”, “me importas demasiado como para…”, pero, ¿realmente lo sentimos?

Pablo sigue sin saberlo, pero recibirá un mensaje que no se espera.

Lleva toda la tarde en la cama viendo una serie porque ninguno de sus amigos sale. Cuando llega el minuto 23:43 de un capítulo, su móvil vibra. Le ha llegado un mensaje. “Raúl te ha enviado una imagen”. Duda si abrir la aplicación o no. Lo hace y lo que se encuentra allí es una foto del cuerpo de Raúl, con la cabeza cortada, enseñándole cómo la polla le pide guerra. Un simple mensaje acompaña a la foto: “ven a chupármela”.

Pablo ni siquiera querrá saberlo, pero lo que haga lo cambiará todo.

Empieza a escribir “no me apetece”. Lo borra. ¿Qué más da un poco de sexo si no tiene nada que hacer? Pero en realidad no es lo que quiere. Empieza a escribir “¿voy a tu casa o vienes a la mía? Lo borra. Se siente idiota por no tener la valentía suficiente para decirle un no rotundo. Como si no tuviera otra cosa que hacer que complicarse más la vida. Por fin, tras fumarse un cigarro en la cocina, vuelve a escribir la pregunta y le da a “enviar”. La contestación llega en seguida. “En la tuya, ya sabes que Daniel vuelve pronto del trabajo”.

Pablo no lo sabrá nunca, pero hoy todo va a saltar por los aires

Follan. Se devoran el cuerpo como si llevaran meses sin alimentarse. Sus lenguas se deslizan por cada centímetro del cuerpo del otro. Gimen con fuerza. Raúl le dice “cómo me gusta tu culo”. Pablo se muerde la lengua y sólo le mira invitándole a entrar. Todo se termina pronto. Se tumban en la cama y empiezan a hablar de qué tal ha ido la semana. Pero en realidad uno quiere irse cuanto antes, y el otro que le dejen en paz. Empiezan a vestirse. Pablo nunca ha sido un chico valiente, así que no entiende cómo le sale lo que va a decir dentro de un segundo: “Raúl, yo no soy tu puta”. La única contestación ha sido el portazo de la puerta de la calle.

Pablo no lo sabe, pero se siente bien durmiendo solo.

Vuelve a pulsar el botón “play”. El capítulo sigue donde lo había dejado. En el minuto 40:54 el móvil vuelve a vibrar. Pablo ve la pantalla y aparece un mensaje de Raúl. “Siento si te he hecho sentir alguna vez así”. Pero no le contesta. Sabe que no volverá a verle. Porque al fin y al cabo, cuando Raúl se bese con Daniel, su novio, él estará durmiendo solo sin pensar que quien le quiere en realidad sólo se quiere a sí mismo. Quedan dos minutos para que termine el capítulo. La pantalla ilumina la cara de Pablo. Está sonriendo.

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