I am a brass band

Quiero escribir sobre ti. Desde la primera vez que te vi tuve el impulso en mis dedos. Te presentaste, pronunciaste la primera palabra y ya sabía que lo haría. Preñaste todo aquello con lo que transciendo en palabras. En realidad, siempre has estado deambulando entre cada uno de los párrafos, asomado en cada punto y aparte, respirando conmigo en todas las comas, aferrándote a mí en cada punto y final.

Y aquí estoy, porque me inspiras y porque necesito dibujarte letra a letra, aun reconociendo que es un propósito inalcanzable, que ningún texto podrá aproximarse a lo que me provocas, al modo en que te has alojado justo en el órgano desde donde se bombea todo lo que siento.

Tu primera sonrisa fue un estallido en mi interior. Mi rostro se empeñó en mostrarte no más allá de un saludo cordial. Ahogando las campanadas a gloria que se atropellaban en el campanario insolente. Apartando de mi contención el tremolar de pendones que saludaban la buena nueva de tu entrada en mi vida.

Sin saber tu nombre, te he esperado tanto tiempo. Pero ahora cobran sentido todos los errores y frustraciones, el no haber tomado decisiones radicales, ni realizar promesas que me vetaran este momento. Ahora estoy preparado, porque nunca he cerrado mi corazón a pesar de todos los inviernos yermos que antes de tu primavera se han colado. Que sigo fértil en sentimientos, puro de voluntades y libre de cargas. Que sobre todos mis difuntos puse el mejor de los epitafios y la más pesada de las lápidas.

Al final de una noche de verano te abracé frente al Teatro Real. En mi cabeza, una banda de 100 músicos con librea roja, gorra alta y penacho de plumas, comenzó a desfilar alegremente interpretando un himno de bienvenida. Las majorettes abrían el paso girando y lanzando al aire coloridos bastones. Cientos de personas se arremolinaban alrededor, saludando brazos en alto, agitando pañuelos blancos, gorras, sombreros, camisetas desprendidas de torsos. Cohetes y salvas de pacíficos cañones  disparaban sin cesar…y era tal mi estrépito y algarabía interior. Un coro de voces replicantes de mí mismo que jaleaban: “¡eres tú! ¡Eres tú!” Sabía que eras tú.

Sin duda lo eres.

“Somebody loves me,

my heart is beating so fast.

All kind of music is pouring out of me”

P.D: Gracias Bob Fosse

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