Ripleyando

Tantas veces piensas “nunca más” la mismas reincidencias tienes. Lo ves venir, te lanzas, no piensas, el tirón de la entrepierna y ciegas corazón y razón.

Con el paso de los años, la experiencia te hace detectar fogonazos que avisan del peligro. Una sonda que alerta desde el planeta perdido. Que no está dando la bienvenida, si no que avisa a los incautos para no que no se acerquen lo más mínimo, para que pasen de largo y sin mirar atrás. Porque el Alien te está esperando, con todos sus amenazantes huevos dispuestos para sembrar tu interior con semillas de despropósitos, de dolor, de horas perdidas, perjudicando tus vísceras y haciendo eclosionar la peor versión de ti mismo.

Sin embargo, tienes el pecho tan cubierto de cicatrices que una nueva “sangría” ya no puede destrozarlo más. Al contrario, con ellas confeccionas un espléndido tatuaje con el mapa de la vida. Así que te asomas al abismo, calibras los metros de caída, besas la boca del error, y te lanzas una vez más a disfrutar de lo que dure la emoción del vuelo sin paracaídas. Siempre habrá un último momento oportuno para abrir la compuerta de la nave para expulsar al Alien antes de que sea demasiado tarde. Después, un poco de hibernación y a seguir surcando el espacio hasta la próxima alerta.

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