Conectando (III)

Esta historia sigue los pasos que se iniciaron en Conectando (I) y Conectando (II)

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Conectando…

Hola S.

¿Para qué escribirte?, me pregunté cuando leí lo que habías escrito. Todos esos gracias juntos, como formando una familia, que en realidad me decían adiós y no un hasta luego. Pero un par de días después decidí que, si había prometido no huir de ti más, todo lo que me has dicho bien merece una respuesta.

No manejo tan bien como tú las palabras. Apenas he leído nunca, y cuando tengo que juntar las letras empieza a entrarme dolor de cabeza, pero es curioso cómo, cuando he tenido que ponerme a escribir, salían de mi cabeza como si las hubiera tenido ahí desde siempre. Puede que ese sea precisamente el verdadero motivo: tú, y que por eso me haya sentado aquí, frente a la ventana que da al edificio de enfrente a escribirte. Y es que a pesar de tus agradecimientos, siento la herida que te he causado, ese dolor que seguro sentiste durante las semanas que, me imagino, preguntaste por mí y nadie supo decirte nada. Pero aunque suene tópico, S., aquella persona que buscó a escondidas un trabajo, que desechó todo lo que había construido, que salió con una maleta y alguna que otra lágrima mientras se sentaba en el tren, no era yo. No, no lo era, o al menos no el yo que soy ahora, y en el que me reconozco cada vez que me miro al espejo.

Recuerdo que, la primera vez que nos vimos, tú estabas leyendo en la terraza del bar, y yo me acerqué a preguntarte si tenías fuego. Un acercamiento absurdo, pero que nos unió de alguna manera, y que tú siempre dijiste que fue, con ese rollo de poeta que te traías a veces, lo que llenó de cotidianidad los primeros pasos de nuestra relación. Y aunque a pesar de no merecerlo, aun a pesar de todas aquellas veces que habrás jurado no querer volver a encontrarme, quiero volver a verte. Supongo que necesito que me digas, todas las cosas que me has escrito aquí, en persona, para poder ver tus ojos y entender que el tiempo no perdona y que las consecuencias, por desgracia, se pagan.

Estaré el 2 de julio en ese mismo bar donde nos conocimos, a las 12:00. Me gustaría verte, pero si no apareces, lo entenderé.

Un abrazo,

A.

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