ESCÚCHAME

Eres un cabrón, y lo sabes. No me mires así, relájate. Lo que te voy a decir te lo esperabas, así que no te hagas el sorprendido. ¿O esa de ahora es una cara de susto? ¿No me creías capaz de que fuera a decirte lo que vas a escuchar? ¿Qué te crees? ¿Que soy tonto? ¿Que me chupo el dedo? ¿Que te iba a tolerar todo aun sabiéndolo?

Pues no, estás muy equivocado, además de ser un absoluto cobarde. A lo mejor es que no quieres estar conmigo y por eso has hecho que me enterara de todo para que sea yo el que diga que hasta aquí hemos llegado, y ya de paso lo hago mandándote a la mierda para que así puedas dártelas de víctima. O quizás no seas más que un mentiroso, que no entiende lo que es la palabra compromiso y menos aún la de lealtad, dejemos ya a un lado, por obvio, lo de ser fiel. Quien sabe, puede ocurrir que la palabra que te defina sea la de desequilibrado, porque lo que haces no tiene lógica alguna. O sí, la de alguien que no puede evitar ser como es aun a sabiendas de que por ahí no se llega a ninguna parte.

Suerte la mía que me fije en ti. Avezado yo que he sido testigo de lo que nadie más ve de tu persona. Tanto temor que dices tener al qué dirán para muchas cosas, tanta supuesta timidez, cuando para lo oscuro, lo sucio y lo sórdido no tienes pudor, ni recato ni vergüenza. No sabes lo que es ir de la mano o decir un te quiero a los ojos, pero qué bien se te da comerte una polla en los baños del hotel entre reunión y reunión, llegar a casas de desconocidos para demostrarles tu capacidad de aguante o hacerte vídeos con los que seguro se te rifaban las productoras porno de las que eres tan fan. Mejor se los hubieras enviado a ellas que no a los que ahora los tienen guardados en sus teléfonos móviles o en el disco duro de sus ordenadores.

Tranquilo, no voy a seguir mucho más. No hay mucho más que decir. Que lo sé todo. No te atrevas a negarlo. Hay fotos, grabaciones y textos que lo prueban. Tú mismo te has encargado de tomarlos, grabarlos y hasta de clasificarlos, además de dejarlos a mi alcance para que los viera. ¿Te daba morbo que yo lo supiera? ¿Te excitaba que pudiera pillarte? ¿Esperabas que me sumara a tu juego? Haberlo dicho entonces, ¿no?

No me das pena, ni lástima, ni asco. No es eso lo que me produces. No voy a caer en calificativos de ningún tipo ni hacer teorías ni elucubraciones de lo que te hace actuar así. A la única conclusión a la que llego es que tú y yo tenemos poco que ver, muy poco en común, nada por construir. Tú no eres como me habías hecho creer o como yo imaginaba que eras. ¿Y ves? Diciéndote todo esto estás comprobando que yo no soy el débil, sumiso e incapaz que me figuro dabas por hecho que soy. Gracias por lo bueno que he vivido contigo, gracias por hacerme tan obvio que no hay nada más que compartir.

¿Algo que decir por tu parte? Nada. Ya veo. Silencio. Lo suponía. ¿Pensabas que no me atrevería? ¿Que me callaría por temor a que me montaras un numero acusándome de haber perdido el norte? Eso te funcionó en el pasado, ya no, hoy no. Hasta aquí. Fin.

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