Un acuerdo para follar

Aquella embestida que estaba haciendo Pablo sobre Ernesto era de las que hacían época. Llevaban varios meses enzarzados en una relación que acababa siempre en la cama, pero ¿Y lo bien que disfrutaban los dos? Sin compromisos, sin tener que dar explicaciones, sin la necesidad del compromiso… Los dos estaban felices viviendo aquella situación.

Y Pablo seguía sobre Ernesto, como si le fuera la vida en ello. Cada polvo era más intenso que una película romántica de Meg Ryan. Entregados al deseo, la pasión. Sus orgasmos eran dignos de un final de temporada de cualquier buena serie.

Eran expertos en correrse al mismo tiempo. Siempre compenetrados:

Pablo: Me voy…
Ernesto: Y yo…
Pablo: Joder, estoy a punto
Ernesto: Venga, dale, quiero sentirte hasta el fondo
Pablo (Mirando fijamente a Ernesto en plena corrida): Joder… Te quiero
Ernesto (Casi entre lágrimas): Joder… y yo.

Por primera vez tras tres meses se abrazaron al terminar, y no se despegaron en una hora. Simplemente disfrutando de aquello que ambos habían guardado por miedo al no.

A veces dos personas piensan lo mismo, quizás estaría bien que se lo dijeran.

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