Un día redondo

Un día redondo puede empezar despertando tarde y desayunando dos veces. Un día redondo puede perfeccionarse con unos besos robados en la playa y un par de ahogadillas en la piscina. En un día redondo puedo permitirme echar una siesta en tu pecho sin pedir permiso. Un día se vuelve redondo cuando puedes dejarte el reloj en casa y olvidar cualquier plan. Pero hasta el día más redondo tiene que acabar.

Te marchas con los últimos rayos de sol, persiguiendo el atardecer como si no lo quisieras dejar escapar. Como si así consiguieras que el día de hoy no acabara nunca. Como si fuera un rito ancestral que te permitiera quedarte a mi lado. La noche ha esperado a que te fueras para caer sobre mí.

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