Animia de cariño

Buenas tardes, interrumpimos la programación televisiva con un especial informativo sobre las conclusiones de un estudio de la Universidad de Wichita que se ha hecho público a primera hora de esta mañana revolucionando a expertos intelectuales, profesionales técnicos y personas en general del mundo académico, político y social.

Según el trabajo de más de 6.000 páginas al que un equipo de cinco doctores en sociología han dedicado más de dos años, el 98% de los hombres homosexuales de nuestra sociedad padecen un estado al que denominan “animia de cariño” que va intrínsecamente unido a su deseo de establecer relaciones de pareja. Algo que quieren, pero que luego ellos mismos hacen imposible por distintos motivos y que no ha de ser tomado como una enfermedad, trastorno o alteración psicológica o psiquiátrica. “Únicamente queremos hacer referencia a lo que creemos es una realidad que probablemente se extienda más allá de los hombres gays y que también define a los heterosexuales, bisexuales y demás. Sucedería igualmente con las mujeres, independientemente de su orientación sexual. En definitiva, a todo el mundo del mundo mundial, así en general”, afirma el equipo investigador en el artículo publicado a modo de resumen hoy por todos los diarios de tirada nacional del mundo occidental.

Los síntomas más habituales detectados por los expertos son comportamientos clasificados en una serie de fases que detallamos a continuación.

Te estoy buscando

Muchas horas empleadas a diario, de lunes a domingo, y desde el alba hasta el amanecer del día siguiente, en chats y apps de contacto con otros individuos bajo seudónimos como Macho38, Activo43, BuscoAmor, SexAhora o NiBuscoNiEncuentro. “Llega un momento en que ya no sé ni quién soy, si activo o pasivo en el sexo, o si romántico o depredador en las relaciones. A cada persona le cuento una cosa de mí que unas veces es verdad y otras no, realmente mentira nunca. En fin, que acabo hecho un lío y menos mal que tengo una libreta para apuntar qué le he dicho a quién o de qué año era la foto que le he enviado”, afirmó uno de los ocho millones de participantes en el estudio.

Ya te veo

En el terreno de las interacciones personales en los lugares de ocio –tanto en verano como en invierno porque la manga corta ya no entiende de momentos del año-, las actitudes más habituales son “te miro, me miras, pero como tú no vienes, yo no voy que es que soy muy tímido, tú eres una diva y un creído” en las noches en que se sale de copas.

Cuando el encuentro sucede en el metro, el supermercado o una comisaría de policía, el pensamiento más habitual es “a saberse por qué me mira, lo mismo no es gay sino un psicópata y lo que quiere es hacerme picadillo, voy a fijarme en donde se baja/qué echa en el carrito/si es un acusado o un agente de uniforme, y ya entonces veo lo que hago”.

La sintomatología física que suele acompañar estas situaciones varía: golpes de calor interno similares a los de las mujeres menopáusicas que desde el bajo abdomen sube hasta las mejillas, necesidad imperiosa de orinar, sonrisa floja que deriva en tonta o una absoluta mudez, afortunadamente transitoria.

Primera y única cita

Entre el elevado porcentaje (75%) que llegan a establecer un encuentro a solas –y dando por hecho que las respuestas recogidas son sinceras-, sea este de contenido lúdico, carnal o, en ocasiones, hasta cultural, los motivos manifestados para que este no haya dado pie a una segunda cita van desde el “a la luz del sol no tenemos nada en común”, “el otro día no me di cuenta de que tiene michelín”, “es que él es de monte y yo soy más de playa”, “le gusta leer mientras a mí ver la tele y dudo que así podamos compartir los fines de semana”, “viste de temporadas anteriores de Zara”, “bebe poco” o “se perfuma”.

Nos vimos tres o cuatro veces (por toda la ciudad,… pero “la fuerza del destino”)

El 50% de los que tuvieron varias citas –según los datos recogidos de 2013 a 2015, aunque se cree que en el pasado era igual- que no se convirtieron en relación fue por tres grandes abanicos de razones: sexuales, afectivas y económicas. Entre las primeras, las que los expertos indican como más habituales fueron “él es pasivo y yo también, parecíamos el dúo tijeritas”, “la tiene como rara, es fea, con una forma que me da repelús” o un “que coja un poco de práctica sexual y luego ya hablamos, no estoy yo para enseñar a novatos”.

El apartado afectivo ha sido el que quizás más páginas ha ocupado en este capítulo, principalmente la presencia fantasmagórica de antiguas parejas, idealizadas, mitificadas e incluso inventadas. Se llegó incluso a contactar con algunas de las personas referidas –los ex, para contrastar la veracidad de los datos ofrecidos por sus antiguos partenaires. Así, se pudo ver que en un 57% de los casos de quien se decía que era un cabrón, resultaban ser tipos sin capacidad alguna de maldad. O en un 45% de los “era una persona maravillosa”, la investigación desvelaba los auténticos cabrones, ahí sí que sí, a los que se referían los otros.

Los casos más críticos con presencia paranormal, a la manera de un polstergeist, de sus antiguos novios se revelaban bajo argumentaciones como “quiero un tío que sea al menos tan guapo o más que mi ex, para que se vea que aquella relación a mí me limitaba, si estuviera con uno más feo, la gente pensaría que estoy con lo que puedo y que lo de entonces fue tan solo un golpe de suerte que no volveré a tener nunca jamás”.

Respecto a lo económico todo se reduce a un “yo quiero alguien que gane como yo o más para que podamos hacer las mismas cosas, no puedo estar con una persona que me diga de quedar en el Retiro y que nos llevemos unos sándwiches para comer sobre el césped, o que me haga endeudarme para ir de vacaciones a Ibiza.”

Fue bonito mientras duró

Finalmente, entre las relaciones que se llegaron a establecer, la mitad de ellas se acabaron por cuestiones, una vez más, sexuales como “un día llegué a casa y le pillé con otro”, “un día llegué a casa y le pillé con dos”, “un día llegué a casa y le pillé con tres” o “me dijo que había descubierto su verdadera sexualidad y que era heterosexual”. Llegados a un grado de intimidad, los sociólogos y psicólogos que han dirigido el estudio han dicho que en el futuro analizarán qué puede haber detrás de justificaciones para acabar una pareja como “no me contestaba a los whatsapp en los cinco minutos siguientes a recibirlos y eso a mí me hace desconfiar”, “decía que no le gustaba hacer deporte, que ahora se llevan los cuerpos naturales y sin depilar”, “le contaba a su familia que yo era un amigo con el que compartía piso” o “no entiendo por qué limitaba nuestro repertorio sexual a nosotros mismos, vivir es probar y experimentar”.

Prácticamente el 100% de los participantes en el análisis de campo concluyeron que la sentencia que define a los hombres –independientemente de su sexo, género u orientación sexual- es estamos muy locas”, concluyeron los autores.  “Aunque nosotros también lo estamos,…, bastante,…, mucho,…, mogollón”, dijeron a continuación.

Estas son por el momento las primeras conclusiones de un detallado, somero, complejo, exhaustivo, técnico, académico, exceso y elaborado estudio sobre este estado definido como “animia de cariño” del que confiamos saber más datos tras la lectura que hagan los becarios de nuestra redacción de informativos. A lo largo de la jornada, tanto en los espacios de noticias como en los programas de entretenimiento de esta emisora líder de audiencia les iremos dando mucha más precisa e interpretada información al respecto.

Muchas gracias por su atención.

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