Único amanecer

Hay seres vivos con relativa complejidad cuya existencia se reduce a tan solo un día de vida. Una sola puesta de sol, un único amanecer. En ese corto lapsus de tiempo, nacen, crecen, encuentran como reproducirse, mueren y dejan su legado, como poco, en forma de herencia genética. Toda una vida en 24 horas.

En tan solo una jornada, algo tan grande como nuestro mundo da una vuelta completa sobre su eje. Cumple un ciclo, con un principio y un final, que es volver al punto de partida. En tan breve devenir, la tierra recorre todo un espacio inabarcable para la dimensión física humana. Y consigo, el globo arrastra millones de vidas, que viajan en sus lomos esféricos, ajenos al desplazamiento, a la velocidad del planeta, sujetos por su gravedad e intentando escapar de ella en sueños e ilusiones.

Cada día parece inexorable en su rutina programada, inabarcable en todo lo que nuestra mente puede imaginar o nuestro corazón sentir, limitados en nuestra humanidad material. Y sin embargo, en ocasiones, en tan solo un día, rompemos todas las leyes de la física y de la lógica. En 24 horas podemos experimentar una vida entera, una historia plena y completa…con su principio y su final. Un sueño, y su vuelta a la realidad.

 

Fracturé la línea programada del destino, en aquel vagón del metro, con tan solo levantar un segundo la vista del libro y encontrarme con tus ojos en el único momento oportuno en el que se abría la puerta espacio/temporal entre dos vidas, tan ajenas y lejanas.

Nuestras miradas se quedaron engarzadas a las 6 de la tarde de un sábado y tú te marcharías a otro continente a las 18 del día siguiente. En tan solo 24 horas el potente magnetismo que nos impulsó a cruzar las primeras torpes palabras en la estación de metro se estiraría miles de kilómetros, en una prueba de resistencia imposible de superar.

Un “hola” con sonrisa y la más franca de las miradas, y compruebas que hay personas destinadas a encontrarse, a abrirse en canal desde el primer minuto. Una eternidad que transcurre en horas contables y un amor que se hace pleno en las sábanas de una única noche. En un universo en expansión, solo contábamos con un amanecer para compartir.

Ahora sé que existes, imagino tu mundo, tan remoto al mío que solo me consuela saber que respiramos el mismo aire. Pienso en tus rutinas, y como me borrarán de tu recuerdo con su repetición diaria. Maldigo la distancia y las obligaciones que nos separan. Bendigo la oportunidad de haberte tenido el tiempo justo para no situarnos también en esa cotidianidad que todo lo doblega y domestica, y que nos sitúa en las coordenadas de lo razonable y lo previsible.

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