Conectando… (II)

Esta historia es la respuesta a otro email. ¿Que decía? Puedes descubrirlo en “Conectando… (I)”

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Conectando…

Hola A.

He necesitado casi un mes para poder responderte. He empezado este email tantas veces y lo he borrado otras tantas. Y es que, a pesar de dedicarme a escribir, ya sabes que contigo se me iban las palabras, era como si mi imaginación se bloqueara y el silencio lo rodeara todo. Al final va a resultar que nada ha cambiado tanto.

Decidí escribirte porque recordé tu cara. Haciendo limpieza en mi antigua casa, recuperé alguna de las fotos que nos hicimos juntos y, a pesar de que los recuerdos habían borrado muchos de los rasgos de tu cara – esa cicatriz que tenías en la frente de una caída, el lunar que tenías justo debajo de la nariz -, al ver esas imágenes recordé, sobre todo, la sonrisa con la que me recibías cada vez que llamaba a la puerta de tu casa, y me invitabas a entrar para que nos pudiéramos acariciar sin ningún tipo de problema. Me escondiste, ya lo sabes, porque tenías miedo a que todo el mundo supiera que te habías enamorado de mi, que los dos nos habíamos enamorado, sin poder evitarlo. Fingiendo todo el rato, en una especie de juego del gato y el ratón, atendiendo siempre a tus mensajes – por aquel entonces no existía el whatsapp – y saliendo en plena noche de mi casa porque querías, como siempre decías, darme el primer beso de buenas noches.

Me preguntas cómo me va todo, y puedo decir que bien, que el tiempo ha mejorado mi cuerpo – envejezco bien, o eso me dicen mis amigos -, que al terminar la universidad pude encontrar trabajo en una editorial y, aunque la situación está como está, vamos tirando, que mi madre sigue tan sacrificada como siempre y haciéndonoslo saber y que había olvidado aquellos instantes después de que te fueras sin decirle nada a nadie, pero todo ha vuelto por culpa de esas fotografías, una especie de humo que empezaba a ahogarme. ¿Recuerdas a Almudena? Ella me dijo que no te escribiera, que ya estaba bien de, encima de puta, poner la cama, y aunque a ella no se lo he dicho, tenía que hacerlo para quedarme tranquilo, para cerrar una especie de puerta. Porque cuando los recuerdos te golpean como lo has hecho tú, así, de repente, tan fuerte que parece que ahora mismo nada me sostenga, temblándome los dedos mientras escribo, es necesario que te escriba lo que estoy a punto de escribirte.

Gracias, gracias por el año que me hiciste pasar; las gracias por hacerme crecer y darme cuenta de ciertos errores y otros aciertos; gracias por, aunque suene raro, hacerme daño en su momento, porque eso me hizo levantarme mucho más fuerte, más seguro de lo que ya era; gracias por los viajes, por los momentos y, sobre todo, por los recuerdos.

Dejo a tu elección responder a este email o no.

Un abrazo,

S.

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2 comentarios en “Conectando… (II)

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