Un día marrón

No, hoy no. Hoy no estoy para ruidos ni peticiones. Silencio por favor. Que no haya una voz más alta que otra, mejor aún si nadie dice nada. Cuando estoy así quiero paz, que solo hable el alrededor. Será que no ha salido el sol, que no he dormido bien o que es uno de esos días sin lógica alguna. Toca ir a trabajar como cualquier otro viernes deseando que lleguen las tres, desayunar para aguantar la mañana con energía y ducharse para intentar borrar esta innegable cara seria, pero nada se disfruta, cumplo el guión de manera autómata. Hoy pesa el tiempo y el espacio. Como cantaba Luz Casal, hoy tengo un día marrón.

La verdad es que no tengo claro qué es un día marrón. O sí,…, pero no me apetece compartirlo, no me pidas que me explique, que me esfuerce en hacer que me entiendas. ¿Sería posible que hoy me aceptes sin tener que darte argumento alguno para ello? Hoy no estoy para dialogar, hoy estoy atrapado por esta sensación de soledad que me separa de todo. Hoy no soy capaz de conectar con nada ni nadie de lo que forma parte de mi mundo. Hoy no, hoy se hace patente que hay un sitio dentro de mí al que no llega nada ni nadie. Hoy ese espacio se resiente de no ser visitado, conocido, compartido.

Afortunadamente no es lo habitual, no es frecuente que me sienta así. Pero a veces ocurre. Cuando así sucede me siento como una figura de cristal, frágil, delicada, que puede romperse en mil pedazos si no es tratada con delicadeza, con suavidad, acariciada con dulzura. Nunca ha llegado a ocurrir que me quiebre. Que yo recuerde. Pero me agota el desgaste de energía que supone tener que hacer frente a la herida, la violencia o la sacudida que me pueden provocar una mala expresión, una sucia mirada o un gesto descortés.

Me dices que son cosas de la vida, que a todos nos pasa de cuando en cuando, pero a mí eso no me vale. No siempre me apetece ser fuerte. Es más, estoy cansado de serlo. Al final la actitud de defensa acaba convirtiéndose en parte de nosotros, de mí, un territorio no vivido, tierra yerma que queda desierta de convivencia, de unión, de amistad, de amor. Espacio que se coloca por delante de ese rincón íntimo, el de mi esencia, dificultando, ¿imposibilitando? el acceso a él, no dejando que se llegue a lo más profundo de mí.

A lo mejor resulta que los días nublados son provocados por este lugar que clama ser atendido y escuchado, cuidado y nutrido. Quizás me está diciendo, ¿ves cómo me siento yo, cómo es vivir sin luz, sin brisa y sin sonidos armónicos? Y no, yo no quiero ser protagonista ni hacer que el resto de ti claudique ante este momentáneo pesar que te transmito. Solo te pido que sepas que existo, que estoy aquí, que yo también soy parte de ti. Haz lo que tengas que hacer para dejar de defenderte de continuo ante la vida. Consigue que yo pueda salir de donde me tienes atrapado, te prometo que conmigo libre vivirás y disfrutarás más, más alegrías, más sonrisas, más miradas, más sensaciones y emociones, más abrazos, más besos, más y más, mucho más.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s