‘la otra’

E.: […] entonces, me dirijo a usted como ‘la otra’?

 

L.O: claro. No se preocupe, que no me voy a ofender ni nada por el estilo; tengo asumido que soy la otra para cada uno de los hombres a los que entretengo.

 

E.: entretiene… pero sin coste adicional, ¿no?

 

L.O.: creo que no entendí eso.Explíquese por favor.

 

E.: quiero decir que usted no saca beneficio alguno de los hombres que ‘entretiene’.

 

L.O.: ¡eso es!, no hay pago de por medio. Puede que haya recibido algún regalo que otro… pero no, no hay entrega de sobre.

 

E.: entiendo. Despejadas las dudas de si su trabajo como ‘la otra’ está o no está remunerado, ¿qué hay de las afectadas?

 

L.O.: ¿las esposas?

 

E.: exactamente.

 

L.O.: no pienso en ellas. De hecho, no me quitan el sueño; si pensara en ellas, posiblemente tendría que hacer un uso desmedido de Dormidina o Lexatin u Orfidal, pero me lo tomo con mucha calma y me repito tooodas las mañanas que yo no soy responsable de nada. En todo caso, los infieles son sus maridos, pero en confianza te digo que no hay infidelidad. Solo sexo; la parte sentimental y afectiva la disfrutan ellas y sus hijos en el calor de su hogar.

 

E.: claro, claro… Pero la ropa de sus maridos huele a leña de otro hogar.

 

L.O.: no… Bueno, a leña de otro hogar no, pero sí a ambientador y a jabón y champú de hotel.

 

E.: ¿hotel? ¿interpreta el rol de ‘la otra’ en hoteles? ¿No recibe en casa?

 

L.O.: mi casa es mi refugio, no podría ser ‘la otra’ allí. Por eso, una de las pocas condiciones que les pongo a mis muchachos es que reserven habitación en un hotel. Si no, no hay tutía; los hoteles son lugares donde la discreción, a pesar de no ser muy buena, es mejor que en cualquier otro sitio, y si hay algún tipo de filtración, siempre puedes denunciar y sacar pellizco de la situación.

 

E.: entonces, ¿hay intención de sacar ‘tajada’?

 

L.O.: no la hay, pero si las cosas se complican, yo me tengo que guardar las espaldas.

 

E.: ¿cómo?

 

L.O.: material gráfico: los hoteles poseen un sistema de seguridad y videovigilancia maravilloso, y yo poseo copia de todas y cada una de las grabaciones de mis muchachos. Por supuesto, es parte del acuerdo que tengo con ellos.

 

E.: por lo tanto, tanto usted como ellos saben de esas grabaciones; deduzco que confían en usted…

 

L.O.: claro que confían en mí. Si no, no concertarían dos, tres y hasta cuatro citas conmigo al mes.

 

E.: ¿y usted cómo se siente tras esas citas?

 

L.O.: no muy bien. Mi interior sigue vacío pero mi cuerpo demasiado cansado para pensar en ello. Por eso vengo a este programa, a buscar el amor.

 

E.: me parece genial que nos haya elegido para encontrar al hombre de su vida, pero creo que usted no está al tanto de que la mecánica de nuestro programa…

 

L.O.: ¿y eso?

 

E.: su historia es maravillosa, pero solo trabajamos con parejas heterosexuales.

 

L.O.: ¿y?

 

E.: sin que se lo tome mal, ¡usted es un hombre buscando a otro hombre!

 

L.O.: lo sé, esto que me cuelga entre las piernas me lo deja claro todas las mañanas cuando me despierto. Entonces…

 

E.: entonces sólo nos vales de relleno para el público.

 

L.O.: ¿qué pagáis?

 

E.: una lata de Kas y bocadillo a elegir entre chorizo o mortadela.

 

L.O.: ¿cuándo empezaría?


E.: ya

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