Conectando… (I)

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Conectando…

Hola S.

Ha sido una sorpresa encontrarme tu email en la bandeja de entrada. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Cinco, seis años desde la última vez que hablamos? Y sin embargo ha sido ver tu nombre y se me ha formado un nudo en el estómago. Casi como cuando aparecías por la calle, a lo lejos, y yo empezaba a colocarme la ropa, como si en cinco minutos pudiera transformarla en algo mejor, haciendo que desaparecieran las arrugas que se me habían formado. Me preguntas qué es de mi vida, qué tal me va por aquí, y aunque podría decirte muchas cosas, no sé bien por donde empezar.

Ya sabes que encontré un trabajo, que dejé atrás las calles de nuestro pueblo porque necesitaba descubrir otras calles, pretendiendo olvidar algunas palabras que tanto daño nos habían hecho. Huí. Siempre me dijiste que, en una carrera, yo siempre llegaría el primero a la meta porque no hacía otra cosa que correr, como si me persiguiera un asesino, mirando todo el rato hacia atrás por si alguno de mis fantasmas aparecía de pronto. Mi madre puso el grito en el cielo cuando se lo dije, pero ya tenía pagado el alquiler de los primeros meses, y el contrato firmado, por lo que la decisión estaba tomada. No he vuelto a verla, y aunque me llegan noticias de que las cosas no le van muy bien, creo que la distancia nos ha hecho darnos cuenta de lo bien que estamos alejados el uno del otro. Al final, la familia no deja de ser algo impuesto, y yo quería romper con todo aquello que me ataba a una realidad que no era la que yo quería.

No hace falta que te lo diga, pero ver tu nombre me ha hecho recordar todo lo que te hice. Desaparecí de la noche a la mañana, sin dar ninguna explicación. Mis amigos me dijeron que les llamabas a todas horas, pero que ellos no te decían nada, que llegó un momento en el que apareciste en la casa de mis padres preguntándoles, a pesar de que mi madre no te soportaba, no entendía que tú y yo fuéramos pareja. ¿Recuerdas cuando me dijo que por mi culpa, por quererte como lo hacía, acabaría por morirse por culpa de su frágil corazón? Y me dio pena enterarme de todas estas cosas, tanto, que volví a huir y pedí a Paula que no me contara nada de ti, que no quería saber lo que te estaba sucediendo, porque para poder abandonar todo aquello, tenía que abandonarte a ti. Ahora entiendo que lo único que hice fue volver a huir, a alejarme de lo que realmente importaba.

Entiendo lo que dices en tu email. Eso de que a veces, un pequeño detalle hace que te acuerdes de alguien. ¿Suena raro si te digo que he pensado en ti en más de una ocasión? Recuerdo que un día, yendo por la calle, empezó a sonar en mi Iphone una canción que fue parte de nuestra historia, y me acordé de ti. Pensé en escribirte, de verdad, pero no lo hice porque no sabía muy bien qué decirte. ¿Que te echaba de menos? ¿Que me había acordado de ti después de tanto tiempo? Me parecía tan absurdo que la canción se terminó y yo seguí con lo que estaba haciendo.

Pero me gusta saber de ti, saber que sigues al otro lado, que de alguna forma esto es un nuevo comienzo para los dos. Cuéntame de ti, quiero saber qué es lo que has estado haciendo todo este tiempo. Esperaré al otro lado, esta vez sí, te lo prometo.

Un abrazo fuerte,

A.

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