The animal instinct in me

Cuanto más te gusta el sexo, menos importancia le das. Lo regalas como regalas una sonrisa en el metro. Dedicas horas a pensar en sexo aunque luego, en el mejor de los casos, lo consumes en media hora. No es muy distinto de preparar sushi: tanto tiempo invertido en la cocina para algo que dura tan poco en el plato. Delicioso, eso sí. Pero para ti no supone un esfuerzo: lo disfrutas, intentas que otros disfruten contigo y así hinchar tu ego un poco más. Luego te desprendes de eso sin mirar atrás.

No entiendes a los que se quejan. Los que montan grandes dramas por culpa del sexo, los que aún no han entendido que somos animales que siguen sus instintos. Te dan lástima. Suplicando quién sabe qué tras el polvo de una noche. Tú procuras no mezclar los sentimientos con el sexo. ¿Para qué, si siempre sale mal? Mejor sonreírles a desconocidos que nunca sabrán qué hay más allá de esa sonrisa. A algunos hasta les regalas flores. Te sientes generoso.

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Un comentario en “The animal instinct in me

  1. El otro día pensé (porque últimamente mi vida la rige mucho el sexo), que el sexo pierde interés si lo practicas mucho con gente desconocida y pierde interés si cuando lo practicas siempre con la misma persona. No entiendo nada, sólo sé que cuando follo desaparezco un poco.

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