Diez palabras con banda sonora

Suena Muse. Cause i want it now, i want it now, give me your heart and your soul. Y la plaza de Callao se hace un poco más grande, se ensancha, como si la música aumentara de tamaño las calles, como si los cines proyectaran solamente nuestra película. Me repetía a mí mismo que por qué estaba allí, que quién me mandaría a mí estar esperando, sentado, a que él apareciera, si en el fondo yo me estaba yendo ya, abandonaba la ciudad para volver a mi casa, a esas paredes que no eran hogar, pero que al menos mantenían el calor en el cuerpo.

Suena Supersubmarina. Quisiera volverme invisible y colarme esta noche en tu cama. Aparece a lo lejos. ¿Por qué es tan jodidamente guapo? No te pongas nervioso, me digo, sólo va a ser comer con él, de eso nadie se ha muerto todavía. Nos movemos por las calles sin saber muy bien a dónde ir, pensando, cada uno en lo que le parece el otro, cada uno malgastando el tiempo en llenar los silencios incómodos que surgen a veces. Tan nerviosos, pero a la vez tan calmados. Cierro los ojos un momento, y le imagino aquí, sentado en el sofá, mirando la televisión, y preguntándome qué tal ha ido el día.

Suena Florence + The Machine. See I´ve come to burn your kingdom down. El calor de las calles de Madrid nos asfixia. Nos movemos con la pesadez de dos extraños que envuelven las aceras, que las pisotean, buscando un lugar con sombra, recuperando la capacidad de acariciar con la imaginación. ¿Por qué es tan jodidamente guapo?, me sigo preguntando. Y nos refrescamos con cualquier líquido, con la bebida que baja por la garganta, llegando al estómago, proponiéndonos un momento de tranquilidad entre tanta mirada que huye de la verdad.

Suena Mumford & Sons. I will wait, I will wait, for you. Y eso es lo que me gustaría decirle. Pero no lo digo. ¿Para qué hablar cuando el silencio lo dice todo? Nos miramos sin acercarnos. Yo por miedo, él no lo sé. Y seguimos bebiendo, mirando de vez en cuando el reloj que nos dice que nos separamos, que el tiempo se acaba, que Madrid volverá a arder, volverá a desaparecer de mi campo de visión, aunque la recuerde siempre, aunque nos hayan robado, como en la canción, en este caso el mes de marzo. Sonreímos, eso hacemos, intentando descifrar un código tan absurdo como antiguo.

Suena, por última vez, Norah Jones. I´ve got to see you again. Un abrazo, dos besos, tres sensaciones que suben y bajan por todo el cuerpo, cuatro pasos hasta una boca de metro, cinco minutos hasta que las calles me resultan familiares, seis personas que sentadas en un bar no se dan cuenta de lo que ha sucedido a escasos metros, siete libros dentro de mi bandolera, ocho segundos hasta que mi teléfono decide reproducir música, nueve películas que me gustaría recomendarle, y diez palabras que, en un mensaje de texto, son enviadas: ¿Sabes qué? Vuelve a Madrid, me gustaría seguir viéndote, siempre.

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