Hoy llego con la fuerza de muchas manos juntas

Hace mucho tiempo había un grupo de personas explotados en una mina. Allí extraían el mayor número de diamantes de lo más profundo. Eran llevados por un capataz, pero éste era incapaz de llevar a aquel pequeño grupo de personas, o seres, porque simplemente eran un número. Nadie de sus superiores sabía cuales eran sus nombres, en realidad tampoco importaba. Algunos de ellos caían muertos, fulminados de la asfixia del lugar, en aquellos pasillos enrevesados. Eran suplidos por otros, sin compasión ni pena alguna. Sólo serían recordados, y enterrados, por sus compañeros que si que estaban unidos.

En una de las ocasiones fueron reunidos para decirles que los grandes señores, una especie de gigantes que eran los dueños de aquellas minas, habían visto que no estaban trabajando como deberían hacerlo y ante las quejas que desató esta declaración acabó con un “No sois nadie”. Su cara fue de sorpresa, gran sorpresa. Su capataz no fue capaz de tener si quiera la duda, lo cual enfadó bastante a todos ellos, como había sucedido antes una y otra vez.

El ser humano tiene un gran problema, piensa que siempre va a reaccionar de la misma forma ante una situación. Craso error, en esta ocasión estas personas no hicieron como en otras ocasiones. No giraron la cabeza y se fueron a seguir trabajando, sacaron la fuerza que llevaban dentro, la fuerza de todas sus manos juntas. El capataz fue agarrado entre todos ellos sin poder hacer absolutamente. Le sacaron fuera de la mina, le ataron en las alturas de un árbol, ayudados por otros mineros de cuevas cercanas. El capataz sollozó para que le bajaran de allí, pensaba que le quemarían o le harían cualquier castigo horrible.

No fue así. Le dejaron colgado 24 horas. Cuando regresaron seguía vivo pero habían conseguido que tuvieran un respeto que no tenían… ahora sabían lo que era sufrir. Sólo fue un primer paso. El capataz acabó dejando la plantación, y fue sustituido por uno que realmente defendió sus derechos y a sus trabajadores. Dejaron de ser sres. nadie para convertirse en Pablo, Alberto, Raúl, Sonia… Esa fuerza les había salvado.

Conclusión: Cuidado con aquellas personas que no son nadie, pueden ser más poderosos de lo que parecen. Todos tenemos la fuerza, sólo hay que saber utilizarla en el momento adecuado.

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