Cadáveres en el armario

Ha sido fácil, solo he necesitado doce rollos gigantes de papel de cocina, ocho garrafas de diez litros de lejía, veinte paquetes de cuerda de nailon de la que se coloca en los tendederos, unos diez paquetes de plástico protector que se suele usar para proteger el suelo cuando se pinta, un cuchillo de deshuesar, un hacha pequeño y otro más grande, cinco paquetes de diez estropajos cada uno y algunas toallas compradas en el mercadillo de los domingos. Ah, y una garrafa de cinco litros de desengrasante.

Todo se limita a cortar, empaquetar y limpiar. Ya está. Después, solo hay que dar un par de capas de pintura y todo listo para meter todo dentro.

Ahora, solo queda hacer exactamente lo mismo, en sentido figurado,  con nuestra alma.

Y así es cómo se hace desaparecer los cadáveres que todos tenemos en el armario.

(Sí, todos tenemos de eso).

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