I’m a man

“¿Y ahora qué haré?”, pensé cuando empezaron a salirme cuatro pelos en el ombligo. Entonces se llevaban los chicos tipo Belami, barbilampiños y angelicales. ¿Tendría que rasurarme? No me convencía la idea. La preocupación cambió pronto cuando poco a poco, o rápido, ya no recuerdo la transición, llegaron las barbas, los pechos peludos bajo la camisa abierta. Ah, qué liberación, barba sí podía dejarme, y me sentaba bien. Pero aquellos cuatro pelos en el ombligo que me habían agobiado años antes, ahora no eran suficientes. Aún hoy siento como que tengo que disculparme cuando me desnudo, disculparme por no ir a la moda. En mi pecho liso no podrán enredarse tus dedos, lo siento.

Todo es relativo. Por suerte, también esto cambiará, pienso. Como cuando llevaba tejanos desgastados en el colegio y lo que había que llevar para ser alguien eran unos Levi’s inmaculados, para mí inalcanzables; luego, cuando tuve el dinero suficiente, las tiendas solo almacenaban pantalones rotos, con efecto de desgaste (“lavados a la piedra”), incluso con manchas de tipp-ex que antes habrían sido una herejía.

Y así, con la misma sonrisa de desconcierto, asisto a las modas de ir al gimnasio, del running (todo vuelve, ya antes las amigas de mi madre hacían footing), preguntándome dónde estaré cuando todo eso también pase, qué cara se me quedará cuando ya no se lleven las barbas que tan bien me sientan. Siempre estoy fuera del paraíso.

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2 comentarios en “I’m a man

  1. A mi estas cosas nunca me han pasado porque nunca me he preocupado de “ir a la moda”. Siempre me he preocupado de llevar lo que me gusta (por eso a la hora de comprar ropa lo suelo pasar mal). He llevado pantalones rotos cuando no eran moda, ahora los quiero llevar inmaculados porque el llevarlos rotos me parece infantil (supongo que lo asocio a cuando los quería llevar así).

    Con la barba igual. Llevaba perilla cuando lo suyo era ser un Ken y ahora llevo barba. Pero barba arreglada, no de esas que tienen vida propia. En parte porque (perdón por la falta de modestia) me queda de puta madre, en parte porque así gasto menos tiempo a la hora de afeitar 😛

    Lo de los pelillos en el ombligo siempre me hah parecido súper erótico. Esa fina línea que se pierde en el pantalón me ha dado más de un quebradero de cabeza en mi adolescencia. Igual que los pelillos que asoman por el cuello de la camisa. Creo que los pelos domados es lo más cachondo que te puedes echar a la cara. En plan desbocado con trenzas me dan mucho repelús.

    1. Bueno, por más que uno pase de modas, al final lo cierto es que las notas alrededor. Y con ellas, poco o mucho, pero llega cierta presiòn. Otro tema es que esto no te afecte, claro…

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