Parece mentira que después de tanto tiempo…

Pensaba que sería extraño. Creo que los dos lo pensábamos. Pero empezamos a hablar enseguida, nada más vernos, con la facilidad de siempre. Una facilidad nueva, sin embargo: esforzándonos por ser naturales después de tanto tiempo. Primero repasamos los temas más inofensivos: el trabajo de cada uno, alguna afición nueva. No entramos en el primer bar que apareció por miedo a que al sentarnos se esfumaran las palabras. Caminamos un rato más, sin dejar de hablar, hasta encontrar otro sitio al que nunca iríamos solos. Territorio neutral. Y allí volvieron las aficiones comunes, lo que nos unió visto ahora desde diferentes perspectivas, compartido con otras personas que ya no somos nosotros. Y no había reproches sino agradecimiento. Curados los rasguños, comprendimos que eso sería lo más sensato. Una vez más, el reloj corrió más que nosotros. Se hizo tarde demasiado pronto. Despedida apresurada, promesas vagas de volver a vernos pronto, algún día. Parece mentira: nunca aprenderemos a despedirnos.

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