If we sleep together, Will I like you better

Aquella noche sería la primera vez que se verían en persona. Desde las alturas de aquel piso alquilado para la ocasión, mirando al mar de Barcelona, se encontraba Álvaro desnudo observando con absoluta tranquilidad el atardecer con el ir y venir del oleaje. No debería faltar mucho para la llegada de Roberto, que había conseguido montarse una excusa para librarse del trabajo aquel fin de semana. Ambos tenían necesidad de conocerse. Habían viajado muchos kilómetros desde extremos del país para llegar a la ciudad condal, un lugar que conocían perfectamente pero que querían volver a redescubrir por medio de una mirada en común.

Roberto apareció por la puerta, con una actitud completamente diferente a la de Álvaro, se le veía nervioso, temblando, casi con sensación de angustia. Álvaro pulso el play de su mp3 y comenzó a sonar Intro de The xx para volver de nuevo a mirar a la ventana, mientras observaba como Roberto comenzaba a desnudarse a toda velocidad. Anduvo hacía su compañero de fin de semana, lento, con miedo a la vez que deseo. Le abrazó por detrás, agarraron sus manos de forma fuerte, el pelo de sus cuerpos se erizó. Sintieron como si sus cuerpos quisieran juntarse cada vez más. Álvaro se giró, miró a Roberto y sonrió. Estaba disfrutando del hecho de verle allí delante, de rozarle y recorrer cada parte de su cuerpo. Ambos se exploraban. Tanto tiempo siendo una relación sin poder tocarse que querían disfrutar de este momento. Sin prisa. Sin pausa. Sus manos cogían los dedos del otro con delicadeza, se deslizaban por sus brazos, por los pezones, jugueteaban con el ombligo, acariciaban las nalgas, y cogían sus paquetes mirándose fijamente a los ojos.

Roberto se llevó a Álvaro a la cama. Se tumbaron de lado, siguieron recorriéndose mientras en el mar sólo se veía un faro al fondo, en alguna isla de la que desconocían el nombre, pero que les reflejaba cada cierto tiempo. Besos tiernos, casi castos, hasta que sus bocas se encontraron y la necesidad de volver a pegar sus cuerpos se hizo necesaria, como un imán. Besos, abrazos, caricias y erecciones que lo decían todo, casi sin tener que hablar.

La noche fue lenta para el resto del mundo, pero para ellos pasó a toda velocidad, sin darse cuenta Roberto estaba montando a Álvaro de la forma más sensual posible. La sensación de protección que se daban mutuamente era digna de animales salvajes en peligro de extinción. Ninguno de los dos quería que el otro lo pasara mal, querían proporcionarse el mayor de los placeres, ver disfrutar al otro. En casi ningún momento perdían el contacto visual. Sus gemidos se acompasaban, sus convulsiones. Álvaro era el que ahora temblaba con la sensación de tenerle en su interior, y más lo hizo cuando supo que se había corrido, tanto fue así que casi al mismo tiempo derramó su semen sobre la tripa de su compañero.

Así cayeron rendidos el uno sobre el otro. Más besos, caricias y abrazos que marcaban aquella noche. Roberto fue el primero que se fue con Morfeo, mientras tenía abrazado a Álvaro. Éste, entonces, empezó a llorar. Una vez rota la barrera, Álvaro, el ser aparentemente fuerte de los dos, se derrumbó. Sólo quería que los brazos peludos de Roberto le tuvieran en su cobijo, diciéndole que todo estaba bien. No hacía falta decirlo, Roberto le agarraba más fuerte y le acariciaba entre sueños como sabiendo que era lo que sucedía allá donde estuviera en ese instante.

Siempre hay que tener cuidado con los que parecen más fuertes, alegres o que no tienen problemas, quizás son ellos los que están pidiendo en el silencio ayuda.

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