Dando vueltas

Cuando llegué me recibió una gigantesca luna creciente sobre la ciudad. La observaba embobado desde la ventanilla del tren. Era un croissant perfecto y enorme posándose en lo alto de los bloques de viviendas mientras encaraba la curva de entrada final a la estación. Esa luna ha seguido creciendo noche tras noche, abstraída en su viaje por los cielos incandescentes de Madrid. Dando vueltas sin parar aunque no la estemos viendo, hasta que justo hoy se ha terminado de llenar.

Como en un montaje de postal, ayer se clavó de nuevo sobre la ciudad. Como si hubiera estado escondida esperando el momento justo en que nos asomásemos a ver dónde estaba. Esperando a ser un buen centro de atención con una aparición majestuosa. Me gusta pensar que esa luna subió ahí para despedirse. Sus tumbos por el cielo completan esta noche una nueva fase, la primera del año. Y aquí sigo yo, dando vueltas sin parar, aunque no me estés viendo, llenándome un poco más noche tras noche, esperando completar mi propia fase.

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