Cena de Navidad, desayuno de Navidad, slips y calcetines

  Estoy desayunado restos de una cena de Navidad. Digo ‘una cena de Navidad’ porque no son los restos de mi cena familiar de Navidad; las cenas navideñas de mi familia, culinariamente hablando, no son muy extravagantes, todo lo contrario, son sota, caballo y Rey: gambas, sopa de picadillo con torreznos, redondo de ternera relleno y ensaladilla rusa y Pepsi, que no Cocacola, y vino espumoso rosado y blanco. Estos restos, a diferencia de los de mi cena, aún están en los envases que la empresa de catering a la que fue encargada usa para llevar la susodicha cena a domicilio. Domicilio de Harry, que es quien me ha servido tartaletas de boletus edulis con crema agria y toque de azafrán y trufa, una lata dorada de algo parecido a caviar albino y un vaso de leche con miel.

Sí, extraño desayuno el mío.

  Harry vive solo. Mejor dicho, está solo en la vida. En su casa vive él y sus cacharros: floreros vacíos, cuadros sin colgar e incluso sin desembalar entre otras cosas. En la cocina, armarios llenos de comida sin comer y demasiados envases de la empresa de catering que, para la cena de Nochebuena, le ha preparado este suculento -y, para mí, fuera de presupuesto- menú que estoy desayunando. Harry vive dedicado a su trabajo, relacionarse con el mundo, para él, está sobrevalorado. O eso dice. “Mi padre está casado de segundas nupcias, mi hermano hace vida con su esposa e hijos, la relación con mis tíos, tías, primos y demás familia es inexistente y mi madre está muerta”, se excusa cuando le pregunto por qué no ha cenado con su familia. Yo acepto ‘pulpo como animal de compañía’ y no vuelvo a mencionar nada que tenga que ver con la Navidad, a excepción de un leve tarareo del “¡Joy to the world, the Lord has come!…” que se me escapa entre sorbo y sorbo de la leche con miel.

  Después de apurar el desayuno, busco entre los cojines del sofá mis slips (que terminan guardados en el bolsillo de mi abrigo porque estan rajados desde la parte de atrás hasta la parte que corresponde a mis cojones) y mis calcetines, me visto y él me acompaña hasta la puerta de su casa. “Harry, ¿qué vas a hacer hoy?”. Responde sin mucha preocupación “quedarme en casa”. Yo le digo que me llame un taxi y que, a las dos y media de la tarde, le estaré esperando en la entrada de su urbanización listo para subirme en su coche porque se va a venir a comer con mi familia. Harry sonríe. Se nota que le gusta la idea. Yo cruzo el umbral de la puerta y me despido con un suave beso en sus labios y, antes de que él cierre la puerta de su casa, le aclaro una cosa: “la cena con mi familia no te la cobro, invito yo. Pero la noche de ayer sí. ¡Ah!, por cierto, si vas a tener por costumbre rajarme la ropa interior para follarme y usar mis calcetines para atarme y amordazarme, encárgate de tener disponible un buen cargamento de slips y calcetines para hacerlo. Da igual la marca, mi única condición es slips y calcetines blancos. ¿De acuerdo? Feliz Navidad, Harry, y nos vemos a las dos y media”.

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