El manjar inmundo

Reconozco que siempre he sentido fascinación por los cuentos de hadas. Puede que sea por ese tono solemne y a la vez cercano que tienen las historias de siempre, unido a la universalidad de los temas que tratan. El caso es que siempre que se hace una revisión del género, suelo seguirlo con una rara mezcla de esperanzada alegría y prudente escepticismo. No obstante, El manjar inmundo me ofrecía una garantía que me permitía lanzarme a sus páginas con tranquilidad. Esa garantía tiene nombre y apellidos.
Javier Quevedo Puchal es uno de esos autores que no se conforman con escribir bien. Él mantiene un tórrido romance con el lenguaje. Lo conoce íntimamente y, al igual que ocurre con quien conoce bien a su amante, sabe cómo hacerle feliz, pero también cómo manipularle para que la balanza se incline a su favor.
No en vano tiene una fructífera carrera a sus espaldas.
Escritor versátil donde los haya, ha tocado diversos estilos, pero él mismo confiesa sentirse cómodo escribiendo género fantástico y de terror. De hecho, se alzó ganador del premio Nocte en 2012.
El manjar inmundo aúna, precisamente, sus principales filias, ya que se trata de un compendio de relatos en los que el autor utiliza elementos de los cuentos de hadas, maleándolos de una forma retorcida e inteligente hasta convertirlo en la materia con la que se construyen las pesadillas.
Que nadie se engañe: Javier no se limita a volver a contar historias clásicas cambiando algún elemento para justificar su trabajo. Más bien, me atrevería a decir que el proceso es justo al contrario: construye una historia totalmente nueva utilizando elementos del folklore de una forma tan natural, que a veces cuesta deconstruir el relato e identificar el cuento que le sirve de referente. Lejos de ser esto algo negativo en la experiencia como lector, sirve para que se reafirme la intención de Javier de no caer en un refrito que no aporte nada.
Inmersos como estamos en plena era digital, no puedo dejar de mencionar la excelente calidad de la edición en papel. La portada es llamativa, sugerente y bella, a la par que aterradora e inquietante, fiel reflejo del tono que vamos a encontrar en cuanto pasemos la página. En el interior, el lector podrá darse no solo un banquete literario, sino que también alimentará los ojos con varias ilustraciones bellísimas que acompañan a algunos de los relatos.
Todo el que quiera desmentir el mito de que el género fantástico y de terror pertenece a una categoría menor, debe leer la obra de Javier Quevedo y éste es un buen comienzo.
Muerde la manzana. Este veneno es delicioso.

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