A Sky Full Of Stars

A Pablo no le gustaba mucho el día de su cumpleaños. Siempre tenía esa extraña mezcla de sentimientos: por un lado era un “Qué bien todo lo que han pasado estos 365 días” pero, por otro, le venía esa extraña sensación de “Podría haber sido aún mejor, y que no hubieran pasado algunas cosas, ¿Hacía dónde va mi vida? ¿Por qué siempre me pasa lo mismo?”.

Decidió que siendo lunes, y que no trabajaba, podría ser un buen día, como cantaban Los Planetas. Comenzó a recibir tantas felicitaciones que no supo si contratar a un secretario para que le ayudara a responder a todos los mensajes. Se metió en la ducha, encendió la radió y sonó esa canción que tanto le gustaba “‘Cause you’re a sky, ‘cause you’re a sky full of stars”. Pensaba que era de esas canciones que no podías evitar moverte a su ritmo. Lo hizo. Creía que cualquiera que le viera en duchándose, dándolo todo como una noche de fiesta, pensaría que había perdido la cabeza.

Tras un domingo lluvioso, el lunes dejaba el sol en todo su esplendor y un tiempo de esos que no estamos acostumbrados a ver en invierno. Quedó a comer con un buen amigo, como era tradición, poniendo a parir el trabajo, los jefes, algunas personas y mostrando su adoración hacía otras. Cuando estaban terminando, en el hilo musical volvió a sonar: “Such a heavenly view, You’re such a heavenly view”. Le dijo extrañado a su amigo que era la segunda vez que ya la escuchaba de forma casual en ese mismo día tras la ducha de esa mañana.

Pablo dejó a su amigo. Se fue corriendo porque se le había pasado la hora de volver al trabajo. Entonces se juntó con otro buen amigo, se conocían de hacía poco pero habían tenido una conexión muy buena. Al rato de sentarse a tomar algo de nuevo estaba esa canción en el hilo musical: “I’m gonna give you my heart ‘Cause you’re a sky”. Le pareció una coincidencia ya bastante divertida, curiosa, como una señal. No podía dejar de mover la cabeza de forma elegante. Sonrió y su amigo también.

Una vuelta atardeciendo por la ciudad. Parada en un rincón a tomar tarta de zanahoria, y Pablo tenía que irse a cenar a casa de Jorge, su vecino. Para no gustarle el día de su cumpleaños, parece que estaba saltándose todas las reglas autoimpuestas. Allí le recibió él, cual niño pequeño feliz, y su compañero de piso que llegó al rato. Sería un buen final del día, comerían pizza y beberían cerveza hasta irse a dormir con toda la tranquilidad del mundo.

Fueron al comedor y, de repente… ¡Sorpresa! Pablo dio un requiebro para atrás, juntó los brazos, y casi se sintió, por unos segundos, en una especie de peli de terror porque siempre fue muy fan de Jennifer Love Hewitt. Allí estaban parte de sus amigos, incluidos los que había visto durante ese día. Sus ojos se fijaron en cada uno de ellos “Pero, ¡Qué cabrones sois!” alcanzó a decir varias veces. Todos ellos habían utilizado una estrategia digna de unos investigadores secretos, era su primera fiesta sorpresa, todo un atrevimiento porque sus propios amigos pensaron que podría salir corriendo al ver aquello. Al contrario, sonrió, y siguió diciendo eso de “Pero, ¡Qué cabrones sois!” mientras en un vídeo otro amigo saludaba desde la lejanía, por no poder estar allí.

Pablo pidió que pusieran una canción, ‘A Sky Full Of Stars’, porque ahora había tomado el sentido que no encontraba durante el día. Eso era, todo era eso, una señal que no había sabido interpretar. Entonces decidió estar más atento a ellas.

Mientras las estrellas estaban en el cielo… y en aquel comedor decorado con gilnardas, y un unicornio rosa presidiendo la mesa.

 

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