A contracorriente

Siempre querías hacer lo que hacían los demás. En una intersección elegías la calle con más transeúntes. En un restaurante mirabas los platos del resto de las mesas y pedías el más popular. En los bares te quedabas mirando al chico que más chicos miraban.

Esa manera de dejarte arrastrar por la marea sin criterio propio hizo que sin darte cuenta te quedaras atrapado en una doble espiral en la que mientras seguías subiendo jamás podrías cruzarte con las personas que estaban bajando.

¿Qué tal sería romper con lo establecido? Imponer tu voz, romper las normas y darte la vuelta. Una forma de ver esta manera de avanzar a contracorriente es que, con el punto de vista adecuado, ahora todo el mundo que sube te está sonriendo.

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