Un Cielo Dividido

Un texto de Luis Edoardo Torres @edtorsan

Dividir es separar. Dividir es repartir el todo en partes e inventar nombres para distinguirlas. Dividir es crear fronteras.

-Ya no podemos ir a allá. Lo tenemos prohibido.

Es entonces, cuando el espacio se divide, que queremos estar del otro lado. Es entonces, cuando el todo se separa, que anhelamos la parte que ya no es nuestra.

-Me gusta la imagen del cielo dividido. Imagino una batalla épica entre dioses, un exilio de fantasmas, un espacio de nada que hace las veces de frontera. ¿De qué lado quedaría la luna? ¿De qué lado quedaría Dios?

La vida es también, muchas veces, un cielo dividido. Pasado y futuro, allá y aquí, nosotros y ellos; esas son nuestras fronteras.

Dividimos el tiempo en etapas para crear puntos de referencia que nos permitan regresar cada vez que queramos recapitular nuestra vida.

-Recuerdo cuando era niño… cuando era feliz… cuando estaba con él… cuando dejé de estar con él… cuando tú me amabas… cuando me sentía triste… cuando te deseaba… cuando me mentías… cuando te engañaba… cuando terminé la escuela… cuando nos visitó la muerte… cuando quería destruir mi vida… cuando aún recordaba… cuando escribía las cosas para no olvidarlas.

Ayer recordé que hay un cielo dividido. Una elegía a esos amores que al nacer enfermos inevitablemente murieron después. O quizá no, porque son esos precisamente los más vivos en nuestra memoria. Las relaciones fallidas son los puntos de referencia más fieles. Nos remiten a momentos que fueron mejores o peores, pero que siempre nos hacen querer mover los pies para huir o regresar.

Ayer besé a dos personas. Atravesé el cielo en un viaje de ida y vuelta. El primer beso estaba lleno de vida, de promesas, de presente. El segundo era solo un recuerdo; ese fue el mejor, pude imaginarlo a mi manera: lento, perfecto, inexistente.

Ayer amé a dos personas sin conflicto alguno, salvo este: ¿Dónde descansan los que no pertenecen a ningún lugar? Decidí dormir en el pasado, dejar que me dolieran las cosas que ya no son; que se me abrieran las heridas (todas) y regresar al presente después, como una bestia herida, como un hombre al que le duele todo y no sabe qué.

Tengo un pie aquí y otro allá. Ellos también. En un cielo dividido todos somos exiliados. Los tres estamos en ningún lugar. Allí donde el olvido no llega porque no sabe dónde encontrarnos. Allí donde el amor es un cometa que atraviesa el cielo (cada cien años) y llega a destiempo para todos porque cada quien ve un cielo distinto.

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