El Hombre del Espacio Interior

Mensaje enviado en una botella de cristal y lanzado en el océano de los sueños, a la espera de que sea recogido por su destinatario, en aquel mismo lugar donde nos conocimos.

No recuerdo como llegué a ti. Fue algún día dando vueltas por un chat, como tantos otros días, hace muchos años. Comenzamos a hablar, de lo típico. Nos caímos bien. Me hizo mucha gracia la primera foto que vi tuya: Descamisado en una cocina junto con un microondas. Seguimos charlando en el Messenger. Recuerdo que estuvimos meses hablando, de chicos, de música, de cine, hasta mandándonos cartas… recuerdo que te pregunté que pasaría si quisiera besarte cuando nos conociéramos.

Me encantaba enseñarte cosas que me encantaban con la esperanza que alguna te gustara tanto como a mí. Parece que conseguí que algunas de ellas lo hicieran. Meses después decidimos encontrarnos en tu ciudad. Ya tocaba conocerse, y así fue. Aquel pirata de los sueños, como te hacías llamar, había echo hasta una cuenta atrás, recuerdo que decías que “nuestras vidas estaban destinadas a conocerse, una noche que mirábamos las estrellas nos encontramos por allá, en esos mundos, y desde esa noche nos hicimos inseparables”

Ahora estábamos en la misma habitación, compartiendo más confidencias. Nos fuimos a la playa a tomar el sol por el día, y seguir confesándonos por la noche. Ese sería el primero de los encuentros. Viviste mi estupidez en la forma de ligar con aquel chico encantador. Que sepas que sigue siendo encantador, le vi hace poco a miles de kilómetros, y no ha cambiado nada.

Más música, canciones, anécdotas y hasta ese día que me quedé fuera del hotel donde estábamos porque habías ocupado la habitación con un maromo y no había manera que despertaras. Pero me gustaba verte dormir, tan relajado.

Nos encontramos en varios momentos, hasta perdernos la pista. Pero siempre he sido muy cabezón. Volví a encontrarte cuando las redes sociales comenzaban a despegar, y ahí seguías tú con tu sonrisa de niño pillo. De esos que engañan y te atrapan. La realidad es que nunca fuiste pillo y tenías un gran corazón.

Nos llegaron días llenos de música, pequeños encuentros de paso por la ciudad… y creciste. Ahora eres todo un hombre, sigues conservando esa belleza que tenías, pero te has puesto fuerte y has tatuado buena parte de tu cuerpo. Supongo que esos tatuajes se han vuelto tu forma de escribir. Como siempre te he dicho deberías volver a escribir, tenías sentimiento y sensibilidad. Pero no me haces caso, espero que volver a decírtelo consiga algún efecto, aunque no sé si llegarás a leer estas palabras.

Esto es una casualidad, bonita, que me trae buenos recuerdos. Formar parte de alguien, de su vida, de un tiempo de ella, y dejar una marca, de alguna u otra forma.

Pasada la casualidad llegó la causalidad me lleva a que tiempo después, unos años, encontré a alguien que, en un primer flash, me recordaba a ti. Erais muy parecidos, con inquietudes, con ganas de hacer muchas cosas. Me decidí a hablar con él. Recuerdo una de sus primeras frases impresas fue un “Por cierto, muy acertada la lista de canciones”, y supe que sí, que sería interesante. También me gusta verle dormir. Han pasado varios años y se ha convertido en alguien fundamental en mi vida. Y sí, hablo de amor, porque eso es el amor, así es como lo siento yo.

Así que, si te llega este mensaje, espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar. En realidad no lo espero, sé que lo haremos, siempre lo hacemos.

Fdo. El corredor de las noches a menos de 1000 kms.

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