Y llegarán tiempos más buenos…

Era uno de mis primeros sábados viviendo en Barcelona. Nueva ciudad, pero gente que ya eran amigos de muchos años. Nada podía salir mal. Todo apuntaba a que esa noche iba a ser grandiosa. Cenando en una hamburguesería donde cada bocado que dábamos era una delicia, como el lugar decorado de una forma original, como si fuera un puerto. Era irónico porque estábamos cerca de uno real, pero siempre me han gustado esa especie de meta-temática.

La noche continuó tomando cervezas. Una tras otra, a buen ritmo. Risas, conversaciones, confesiones… Mañana no había que madrugar ¿Qué más da? Esa noche, por lo que parece, si que no daba igual. Pensamientos que vinieron cuando no tenían que llegar. Ese estado en el que sientes que sobras que “Y, ¿Si este es tampoco mi lugar?”. Sucedió lo que ya había pasado en otras ocasiones: Ni un adiós. Salí camino a la puerta como si fuera a saludar a alguien por allí. Miré a los lados y empecé a correr, como si me fuera la vida en ello.

Un mensaje en el móvil “Vuelve, te queremos”, y mi carrera que seguía por las Ramblas resonando aquel tema de Pastora en mis oídos…

“Ha llegaó ese momento fatal que yo no pueo tirar pa´tras,
Que ya no sé pa´donde tirar”

¿Y llegarán? ¿Realmente sería así? Unas lagrimas sin sentido racional salieron de mis ojos, pero lo emocional me invadió. Había llegado al puerto. Me senté a observar la lejanía. Entonces sonó una voz tras de mí, muy profunda. No me giré, pero me hablaba:

-¿Qué haces aquí?
-Despejarme de la gente, y de mí mismo
-¿De ti mismo? Y eso, ¿Cómo se consigue?
-No lo sé, en noches como ésta trato de averiguarlo
-Espero que tengas suerte, pero creo que enfocas el problema desde una perspectiva equivocada
-Quién sabe, pero es mi perspectiva
-No quiero ser agorero pero, ¿y si todo esto es cosa tuya? Lo has pensado bien.
-Puede ser.
-Miraló así: Tienes tantas cosas buenas, apasionantes, y te pierdes en otras sin sentido.
-¿Cómo sabes todo eso?
-Es mucho más sencillo de lo que crees. Está todo en tu interior

Me giré, pero no había nadie allí. Me levanté, miré a la ciudad y pensé, pero de verdad. Evitando todos esos pensamientos, y personas, tóxicas. Dejé que todo fluyera. Desde que con un buen amigo había usado esa palabra, aprendí que fluir y dejarme llevar, deslizar, era necesario… Todo estaba claro, aunque fuera una noche de esas oscuras.

Regresé corriendo, no a casa, al bar de donde había huido. Nunca lo había hecho tras mis escapadas pero nunca es tarde para empezar a hacerlo. Llegué al mismo lugar. Ahí seguían ellos. Entré mientras sonaban los primeros compases del Shine de Take That al entrar. El secreto es encontrar como puedes brillar por ti mismo.

Esa noche sentí un abrazo en la cama, el mío propio, el de esa voz profunda. Por fin.

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