Bifurcación

Un texto de Eduardo Bello @elcraneoroto

El chorro amarillo se divide justo al salir de su fuente. Estos dos sub-chorros se estrellan contra la cerámica haciendo el ruido rutinario que siempre escucho en las mañanas. Uno de ellos choca arriba, el otro abajo. Al unirse el color amarillo con el azul del agua del fondo se crea un verde bosque que me hace pensar en hojas de árboles enormes, en ramas de albahaca fresca. Verde, azul, verde. Me llena de paz y hasta olvido que simplemente estoy orinando con una erección que merma poco a poco.

Me dirijo a la cocina, presiono el botón de encendido y cruzo los brazos mientras veo otra división acuosa. Ésta no es natural como la anterior, digamos que ésta es una bifurcación tecnológica. Es la de la máquina de café. Hace dos semanas decidí comprarme una máquina de esas que hacen espressos, mokaccinos, capuchinos, así que sólo presiono el botón y espero que el líquido cremoso comience a salir por los dos orificios. Antes era sólo uno, el del colador. La boquilla es como una ‘Y’ invertida, así que por ambos lados sale la misma agua color tierra con la misma consistencia cremosa. Los sabores no me convencen del todo, pero el olor me embriaga, me calma.

La mancha en la pared me mira cuando me siento en la sala a beberme el café. Marrón, sucia, viciada, maldita, la consecuencia de otra taza (diferente a la que tengo entre las manos) que fue aventada para calmar furias. Estabas aquí. Hace dos semanas, estabas aquí. La mancha no deja de mirarme. Me cuestiono entre sorbo y sorbo, el vapor que sube como una cadena de ADN me empaña los lentes y me nubla los recuerdos. Ojalá fuese fácil desempañarlos, los lentes, los recuerdos que destellan al fondo.

Y ahí está la tercera bifurcación. La nuestra, un camino dividido, el reflejo de que las intenciones no son siempre buenas y mucho menos comunes. Ésta no me calma, no me da paz, al contrario me paraliza, me entumece. Siento el calor en mis manos, me tiemblan, recuerdo mi último grito, tu golpe, mi taza reventándose contra la pared, tus pasos sin retorno. Tú, yo, una colisión en la que no hubo marcha atrás. Un adiós fulminante que no para de latir.

Dejo la mancha y la sala atrás y me dirijo al balcón. Parece que va a llover. Me siento en el borde, intento sentir la brisa, el agua que se avecina, las gotas que en algún momento se encontrarán con mi rostro y lo dividirán como piezas de un mosaico. Cierro los ojos, la mancha en la pared la imagino ya como una sombra fugaz, puedo cerrar mis oídos cual párpados, no escucho nada. Me dueles, pero sonrío.

babalaas2Fotografía de Babalaas.

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