Elephant Love Medley

Fue una noche de diciembre, la de mi cumpleaños, como si fuera un regalo premeditado pero sin haberlo sido conscientemente. Una pura coincidencia reencontrarnos en aquella ciudad, ni tuya ni mía, pero que era conocida por ambos.

Después de tomar algo en aquel bar que tanto te gustaba, rodeado de columnas griegas, me confesaste que estabas deseando que alguna de esas noches acabáramos en la misma habitación. Me cogiste de la mano para ir a toda velocidad, yo sólo podía pensar “Pero, ¿esto está pasando?” con una sonrisa de felicidad, nerviosismo e incredulidad.

Llegamos a tu hotel, situado en lo más alto de la ciudad. Estabas alojado en uno de los últimos pisos. El ascensor, transparente, y situado en el exterior nos permitía ver como la ciudad dormía, sin descubrirnos los pequeños secretos que ocultaban algunas de esas ventanas en las tinieblas. Tus manos se entrelazaban de forma sigilosa, casi inocente, por mi cintura.

Desde tu habitación las vistas de la ciudad eran de película. Todo iluminado, en silencio… En el reflejo del cristal te observé mientras te desnudabas, nunca te había visto así, sólo de algunas visitas a la playa. Tenía la curiosidad por descubrir tu desnudo integral, aunque lo que realmente me apetecía era compartir contigo una cama, desnudarnos, y simplemente dejarnos llevar.

Eso sólo fue el principio. Te acercaste a mí con mis nervios, como si fuera la primera vez, tus piernas y el cuerpo moreno que siempre lucías se iba entrelazando con el mío. Un abrazo de los que quedan fijados en la piel, como la marca del cinturón de seguridad tras un frenazo en el coche a 200 por hora.

Tus brazos, espalda fuertes, de los que te gusta agarrar, hablando sobre de todo un poco y escuchando de fondo uno de esos temas cautivadores de Delafé y las Flores Azules. Sabía que este era un momento irrepetible, disfruté de cada momento a su lado, de las sonrisas, jugar con su cuerpo, verle reír con cada chorrada que decíamos… quizás esas dos copas que nos habíamos tomado antes habían ayudado, decidimos tomar una más y brindar por la noche.

Nuestros ojos no paraban de seguirse, mientras yo disfrutaba comiendo todo tu cuerpo como postre a ese estupendo día. No podía parar de quitarte la mirada, quería que esa conexión quedara bien grabada en tu mente, porque yo pensaba hacerlo en la mía.

A la mañana siguiente nos duchamos juntos, y seguías sonriendo, lo que pasó no había sido consecuencia del alcohol de la noche anterior, realmente te había apetecido. Seguía queriendo abrazarte a cada segundo. Nuestros caminos se separaban esa misma mañana, tu regresabas a tu ciudad y yo a la mía. La despedida fue tan intensa que por un momento sentí que estaba leyendo tus pensamientos.

Todo fue anunciado, sin tener que decirlo, como una ‘One night only’ en los conciertos, pero que jodidamente buena única noche. Desapareciste pero aún te recuerdo desnudo cantándome ‘Por tu tripa’ al oído con una sonrisa de niño travieso cautivadora. Así eres tú. Allá donde te haya llevado la vida espero que te vaya bien, de vez en cuando vienes a mi mente y esbozo una media sonrisa a la cual no quiero poner subtítulos porque no sé que se podrían leer en ellos.

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