Conversaciones eléctricas

—Hola.
—Hola.
—Qué tal.
—Bien y tú.
—Aquí aburrido.

Aburrido fue la palabra más larga que le dedicó. Después de cientos de conversaciones clónicas, ya sabía lo que significaba: que estaba despatarrado en el sofá viendo el último capítulo de Juego de Tronos y no pensaba levantarse ni para un polvo. “Pero puedes venir a comérmela”, le había soltado una vez uno. La gente inventa frases muy sexys en estos sitios. Así que pasó a la siguiente ventanita, otro hombre tan aburrido como él y como todos un viernes por la noche. Otro hombre que nunca sería tan guapo como en esas fotos elegidas a consciencia. Otro cuerpo que se movería con desgana o con frenesí, nunca con cariño. Aquello era una pérdida de tiempo, lo sabía, pero una pérdida de tiempo apasionante. Por eso juega la gente a la lotería, pensó. Aunque sepan que nunca les va a tocar, que las posibilidades son ínfimas, siguen jugando. Se vio a sí mismo haciendo cola para comprar un décimo. ¿Y si toca? ¿Y si esta noche sí?

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