Inocencia

Una mañana luminosa de primavera en el campo. Una mariposa blanca decide aparecer de la nada y posarse en una flor.

Esa imagen tan idílica de una simple mariposa hizo que yo me lanzase a por ella y quisiese capturarla con mis manos, pero cuando las abrí me encontré con el desastre, un cuerpo alargado rezumando líquido y unas alas sin forma se habían mezclado sin que yo pudiese hacer nada. Era la primera vez que veía una mariposa de manera consciente, la primera vez que atrapé una y la primera vez que vi la muerte. Desde entonces tengo pánico a las mariposas y a todo ser, que con dos alas, pueda turbar mi paz aunque alegre el paisaje con sus colores.

Lo que de niño fue una experiencia desagradable, después de una experiencia extraordinaria, se ha convertido en un trauma. Lo mismo pasa con todo, el tiempo y la razón se encargan de que todo pierda color y gracia, por eso, en nuestro afán de poder volver a nuestra niñez aplicamos filtros Valencia a nuestras experiencias.

Aunque no lo creamos, los anuncios de la televisión donde las típicas navidades aparecen cubiertas de oro y con olor a canela, sí son posibles. Yo las he vivido, aunque cada vez me resulta más difícil emular esa sensación.

Tendríamos que volver a ser niños, volver a ver todo con curiosidad, quizá así podríamos ser más felices, quizá podríamos ver a las personas sin que mil voces nos ataquen con pros y con contras, quizá así podríamos disfrutar del amor.

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